Sólo una vez he dormido acompañada.
Nacimiento de Venus. William Adolphe Bouguereau.
(…) Hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).
Milan Kundera. La insoportable levedad del ser.
Metro utopía. Ahumada.
Esperas, esperas lo único, lo grandioso
que enriquezca tu vida,
lo poderoso, lo fuerte
el despertar de las piedras
la profundidad abierta a tus ojos.
Sonámbulos en el estante,
los tomos en oro y marrón;
y piensas en los países atravesados,
en imágenes, en los vestidos
de mujeres ya desaparecidas.
Y de repente lo sabes: esto lo era.
Te levantas y delante de ti
está el miedo, la imagen y la oración
de un año pasado.
Rainer Maria Rilke. En El libro de las imágenes.
Por las esquinas vagas de los sueños,
alta la madrugada, fue conmigo
tu imagen bien amada, como un día
en tiempos idos, cuando Dios lo quiso.
Agua ha pasado por el río abajo,
hojas verdes perdidas llevó el viento
desde que nuestras sombras vieron quedas
su afán borrarse con el sol traspuesto.
Hermosa era aquella llama, breve
como todo lo hermoso: luz y ocaso.
Vino la noche honda, y sus cenizas
guardaron el desvelo de los astros.
Cual jugador febril ante una carta,
un alma solitaria fue la apuesta
arriesgada y perdida en nuestro encuentro;
el cuerpo entre los hombres quedó en pena.
¿Quién dice que se olvida? No hay olvido.
Mira a través de esta pared de hielo
ir esa sombra hacia la lejanía
sin el nimbo radiante del deseo.
Todo tiene su precio. Yo he pagado
el mío por aquella antigua gracia,
y así despierto; hallando tras mi sueño
un lecho solo, afuera yerta el alba.
Luis Cernuda. Tristeza del recuerdo.
Imagen: Jardín de amor. Remedios Varo.
El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón y yo lloré la pérdida de mi único bien, alguien me vio llorando en el sueño y yo expliqué (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras (dentro de lo posible). Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.
¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?
El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en honor de los demás.
Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.
Alejandra Pizarnik en Extracción de la piedra de la locura.
Imagen: ídem. Hieronymus Van Aken Bosch.
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo
una mujer atravesada en la garganta.
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: Yo me duermo a la orilla de un abismo.
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
Eduardo Galeano. La noche/1-4 en El libro de los abrazos.
Permanecen sus marcadores entre las hojas del libro.
Octavio Paz, Irving Singer, Denis de Rougemont, Alberto Manguel, Jaime Sabines, Mario Benedetti, Georges Bataille, Marguerite Duras, Patrick Süskind, Sor Juana Inés de la Cruz, Borges...
No sabía cuánto dolía leer en la piel.









