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julio 05, 2009

entre médicos te veas

"El estudiante debe ser amaestrado sobre cómo observar. Para interesarles en esta clase de trabajo, nosotros los profesores encontramos útil mostrar al estudiante cuánto puede descubrir un entrenado uso de la observación sobre temas ordinarios como la historia previa, la nacionalidad, y la ocupación de un paciente."


Un hombre desconocido entra a la sala del anfiteatro de la facultad de medicina: tiene mareos, náuseas, dolor de cabeza… y un aspecto deplorable. Mientras los alumnos practican el arte de la anamnesis, otro hombre, alto, delgado –de constitución ectomófica- y nariz aguileña, observa con sus inquisitivos ojos grises como mochuelo apostado en un olivo. Finalmente, un tanto fastidiado de la estupidez de sus discípulos, se levanta. Su marcha física “a saltos” concuerda con sus andares mentales: señala uno de los bolsillos de la raída chaqueta, donde se encuentra una botella de licor.


Entra una mujer acompañada de un niño. Después de saludarla, nuestro hombre procedió a una anamnesis mucho más sofisticada que la de sus discípulos: ¿Ha cruzado bien desde Burntisland? “Sí” ¿Ha tenido una buena caminata por Inverleith row? “Sí” ¿Qué ha hecho con el otro niño? “Lo dejé con mi hermana en Leith” ¿Aún continúa trabajando en la fábrica? “Sí”. Ante los alelados estudiantes, el Dr. Bell les conmina a atraer su interés al acento de la mujer, el cual percibió desde que contestó a su saludo: el Ferri más cercano sale de Burntisland; les enseña la arcilla roja en la suela de sus zapatos, característica de las áreas cercanas a los jardines botánicos; señala el abrigo sobre el hombro de la madre, de una talla mayor a la del niño que llevaba de la mano; finalmente, señala la dermatitis en las manos de la mujer –predominantemente en la derecha-, característica de las personas que trabajan en las fábricas de linóleo. (Anécdota publicada en The Lancet, 1º de agosto de 1956).


Damas y caballeros: Joseph Bell, encargado de la cátedra de cirugía clínica en la facultad de Medicina de Edimburgo, siglo XIX; descendiente de Charles Bell, quien describió la parálisis facial que lleva su nombre: sí, esa contra la que las abuelitas tanto nos previenen “no salgas al aire, m’ijito, se te va a enchuecar la boca”.


Pionero de la medicina forense, este hombre fue la inspiración para el mítico personaje de Sherlock Holmes, del también hijo de Galeno Arthur Conan Doyle. De los paralelismos entre Holmes y House existen múltiples referencias en la red.


El Colegio Real de cirujanos de Edimburgo (al que perteneció) organizó una exposición museográfica de este gran clínico: todo un ejemplo de la capacidad de observación-deducción aplicada al diagnóstico, placer intelectual de puzzles biológicos… sin ser misántropo.

marzo 07, 2009

morir amando

"no hay mejor medio de familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina" Marqués de Sade (Justine)

Si le preguntáramos a cualquier hombre cómo le gustaría morir, es muy probable que su respuesta fuera "haciendo el amor". Pretenciosos o fantasiosos, pero muchos afirman querer dar su último suspiro conjugando en primera persona esa dualidad eros-tanatos. Bueno, pues el ruso Sergey Tuganov, de 28 años, ya hizo realidad ese anhelo hedonista: gozó del placer sexual y luego... murió. Claro que esa no era su intención; el chico no era ningún suicida o existencialista posmodern; tampoco parecía querer poner en práctica las teorías de Georges Bataille o revivir alguna de las historias del Divino Marqués de Sade [me temo que en la Madre Rusia de nuestros días no abundan los nihilistas. Al menos a primera vista, pareciera que lo que rifa son los neo-empresarios, los antros, los negocios, las apuestas, mafias y demás practicas asociadas al "capitalismo salvaje" que rige actualmente en esa tierra de oportunidades -diría Vadymir Putin- llamada Rusia]. Lo de Tugenov fue casi un juego de adolescentes... y una demostración de arrogancia, también. Dos amigas lo retaron a tener 12 horas de sexo continuo con ellas y él aceptó... a cambio de cinco mil dolares. Pero como no era cosa fácil aguantar semejante maratón sexual, el muchacho buscó una ayudadita extra: la ingesta de viagra. El resultado: 12 horas de sexo vertiginoso, ganancia de la apuesta y un paro cardíaco que acabó con su vida... Pero murió feliz, dirán algunos...

Aquí un interesante artículo, aunque no necesariamente habla sobre sexo y muerte, si versa algo sobre ese breve instante de abandono al placer, llamado "la petite morte": Orgasmo. ¿Qué, cómo, por qué?


"No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores...
El tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!"

[Alfonsina Storni Lo inacabable]