noviembre 13, 2009

Los empeños de una casa (II)



Pero el afán de Sor Juana no me parece sólo una lujuria desenfrenada por el conocimiento; no, en absoluto. Desarrolló un finísimo erotismo mental hasta llegar al amor* por Sofía; esos pasajes junguianos del desarrollo: Eva, Helena, María y Sofía: cuatro arquetipos vividos y sabidos por El Fénix; la vastedad del conocimiento abrumó a esta extraordinaria mujer.

* Ese amor expuesto magistralmente por…Octavio Paz, para variar, en La llama doble.

Empero, tuvo los ovarios –disculpen la metalepsis barata- de escribir ante los elogios:

Un casi rústico aborto/de unos estériles campos,/que el nacer de ellos yo/los hace más agotados

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No es culpa, porque no tengo obligación; no es descrédito, pues no tengo posibilidad de acertar, y ad impossibilia nemo tenetur. Y, a la verdad, yo nunca he escrito sino violentada y forzada y sólo por dar gusto a otros; no sólo sin complacencia, sino con positiva repugnancia, porque nunca he juzgado de mí que tenga el caudal de letras e ingenio que pide la obligación de quien escribe; y así, es la ordinaria respuesta a los que me instan, y más si es asunto sagrado: ¿Qué entendimiento tengo yo, qué estudio, qué materiales, ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías superficiales?

Según Xavier Villaurrutia –ese farfallone amoroso- "todos conocen la anécdota de que una vez fue sometida a un examen por los hombres más ingeniosos y sabios de Nueva España y que ella supo contestar todas las preguntas sobre temas diversos: filosofía, ciencias naturales, etcétera".

Lo que es menos conocido es esto, profesor X:

“Yo distingo dos clases de curiosidad: la curiosidad de tipo masculino y la curiosidad de tipo femenino. Un hombre puede tener curiosidad femenina y una mujer curiosidad masculina. Este es el caso de Sor Juana.

La curiosidad como una pasión que no acrecienta el poder del espíritu, la podemos personificar en Eva, que mordió por curiosidad el fruto prohibido. En Pandora, que movida también por ese pensamiento, abrió la caja que le habían prohibido. Esta es una curiosidad de tipo accidental; pero hay otro tipo de curiosidad, una curiosidad más seria, más profunda, que es un producto del espíritu y que también es una fuente en el conocimiento. Esta curiosidad como pasión, no como capricho --la curiosidad de Pandora es un capricho--, es la curiosidad de Sor Juana”.

Esta polarización fue puesta con todas las letras por alguien relacionado a X: P (sí, confieso que en la primera parte destacar al ánimus fue exaltado ánimo).

Naturalmente, no niego la existencia de los factores fisiológicos: pienso que no hay tipos puros y que la gama de la intersexualidad es inmensa*. Tampoco creo que la personalidad física y psicológica de Sor Juana se ajuste a la descripción de Pfandl, copiada de los libros de psiquiatría. En fin, me parece que la “masculinidad” de Sor Juana, para llamarla así, fue más psicológica que biológica y más social que psicológica.

(…) ¿Cómo, en una civilización de hombres y para hombres, puede una mujer, sin masculinizarse, acceder al saber?**

* Gracias, Kinsey.

** Gracias, Paz, por la brillante disertación de neurosis/envidia del pene-menopausia Vs. circunstancias sociales e históricas



Otro ejemplo de personaje conmovido, espoleado por esta pasión del espíritu, es Ulises. Sus aventuras revelan una curiosidad de tipo científico. No era su viaje una simple aventura, sino que perseguía un fin. Pues bien, Sor Juana, es para mí un representante de esta forma de curiosidad masculina. Lo prueba su avidez de conocimiento; su valor para alejarse de la comodidad, de abandonar todo aquello que le servía de marco dorado y esplendoroso en la Corte de los Virreyes, y cuando llegó a ser una figura prominente, la vemos abandonar su situación de privilegio para recluirse en un convento, no porque tuviera una vocación religiosa muy pronunciada, ni muy profunda, sino porque la vida de la Corte le robaba la intimidad que ella buscaba para hacer cada día más profundo su espíritu”.

Allí sí discrepo con usted, Monsieur Villaurrutia: Aun cuando el saber de Sor Juana fue adquirido lauro y lo veneraron como infuso, me parece que la teología iba mucho más allá del plano “netamente intelectual” en Juana Inés Ramírez de Santillana; varios críticos –mucho menos finos que vos- convergen en ese puntito irritante “Que en las obras encuentran un predominio de la forma sobre el fondo”. Les diré que no ven la magnífica forma del fondo*: los ojos no sólo no ven lo que la mente no sabe, sino que además, el cerebro rellena huecos que deben permanecer vacíos para la armonía del conjunto, en ese afán de la coherencia del mundo según el hemisferio izquierdo –Oh, Wilde, y tus inmortales epigramas “En los mejores días del arte, no existían los críticos de arte”- (óptica egoísta**). Vaya, que por ser espiritual no se quita lo intelectual, así como lo cortés no quita lo valiente (de hecho, me parecen cualidades más unidas que dicotómicas, pero esta sociedad polarizada –o eres cuerpo, o eres mente o eres espíritu, decide- es una cosa esplendorosa).

* Vivir entre indígenas, negros, españolitos que no veían la tele, la corte y el convento, sin duda le forjó un conocimiento de la naturaleza humana como pocos.

** Y como tal, despojada de objetividad -o llena de afectos sesgados, según se mire-; encontrar el equilibrio entre ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre es muy difícil. La verdad pura y dura se me va de las manos como las palabras oídas; de analista no duraría ni un ciclo circadiano, eso es seguro.

Porque me amáis más de lo que yo me puedo amar…


Me acuerdo de Custodia, El hembro y La hombra en Ladera Este.


Imagen: Tres grandes mujeres. Zorgia en deviantART

8 comentarios:

Kyuuketsuki dijo...

Juanita se castigaba mucho. Los comentarios de humildad acerca de su obra llegaban a ser hasta hostiles hacia su persona, y prefiero pensar que los hacía con un dejo de ironía y por el hecho de ser monja. Nunca me la he podido imaginar tan agachada como reflejan algunos escritos de ellas sobre sí misma; prefiero pensar que eran los reflejos de una sutil ironía que muy pocos atinaban a comprender. Hasta hoy.

Aurore Dupin dijo...

Kyuuketsuki:

Sin duda, los grandes son auto-exigentes de un modo que los simples mortales no alcanzan a comprender...Ya lo decía el chino-japonés que inventó la confusión.

Preferiría no pensar que su humildad aparente la hacía gala para los jerarcas eclesiásticos -Sí, excelencia, como mujer no debería escribir, sólo lo hacía por encargo- por lo hijos de puta misóginos que bien sabía que eran; cualquier persona -hombre, mujer o quimera- se acojonaría con el tribunal del Santo Oficio. Eso ni dudarlo.

Y síp, con su ingenio le dio bofetadas de guante blanco y encaje a todos esos tipos...Su obra es grande, y ni quién lo dude -como el cielo en Pedro Páramo-. Es un obra a lo Hidra de Lerna, en cuanto un estudioso secciona una cabeza, salen dos.

marichuy dijo...

Ay queridísima

Ahora entiendo el porqué en nuestros tiempos, las mujeres como sor Juana ya no existen o no se desarrollan. Quién va a desarrollar una curiosidad como la suya, más profunda y espiritual, en este mundo de la inmediatez, el photoshop y la cultura light?

"Pero el afán de Sor Juana no me parece sólo una lujuria desenfrenada por el conocimiento; no, en absoluto"

Verá usted Migisterísimo Octavio Paz, sin afán de contradecir, ni de ofender la memoria de Sor Juana, a mí no me molestaría desarrollas una "lujuria desenfrenada" por el conocimiento. En absoluto. Quizá esa lujuria sea la que más estamos necesitando en este país.

Ay mi querida Sor Juana, a veces me lamento porque ese mundo en el que te tocó vivir no estaba a la altura de tu inmensa estatura intelectual y espiritual. Pero otras, nomás de ver la decadencia de este país, casi que bendigo a los Dioses porque no te haya tocado verlo.

Besos desvariados... para variar

Ana dijo...

Aurore, desde ayer leí la divagación parte II y solo atine a cerrar el blog e irme a descansar pensando que efectivamente se necesita tener muchos ovarios para adoptar la actitud que tenia Sor Juana...

abrazos
=D

Menospausas dijo...

Querida Aurore, ya sabes que no es mi tema, pero encontré esta bella carta a Sor Juana, espero te guste:

Carmen Boullosa
Epístola a Sor Juana (I)

(Traducción libre de la carta que W. A. Auden dirigió a Lord Byron en 1936, aquí dirigida por la autora firmante a Sor Juana)

Querida Sor Juana: disculpe me tome la libertad de escribirle. Sé que usted paga el costo de ser una autora famosa, no será algo nuevo recibir la carta de una admiradora. Y encima, siendo monja –¡por mi madre!, usted debe recibir a cubetazos -como Santa Teresa o la otra de Calcuta-, mensajes de perfectos desconocidos, que empiezan con “Estimada Doña Juana: me gustan sus poemas, como ‘Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón’, pero el ‘Divino Narciso’ la verdad es ilegible” o “Mi hija escribe, ¿debo alentarla a hacerlo?”, algunas veces conteniendo francas peticiones de dinero, otras veladas confesiones de amor platónico, unos incluso incluyen (por los chismes que corren, y creo que esto es poco elegante) la foto de la remitente en cueros.

En cuanto a los manuscritos –en todo tipo de correo o mensajería… - Imposible mejorar el filo incisivo de Quevedo, pero espero que conmueva al fantasma del dicho saber cuánto se ha propagado el uso de los medios de comunicación, nuevas carreteras, el tren bala, el Concord (ya Q.E.P.D), el email y ahora facebook, messenger y twitter, como puede comprobar cualquiera.

Porque la confesión no ha dejado nunca de estar enraizada en los mexicanos, desde que Hernán Cortés con sus frailes importó la peste de su religión (disculpe), así ahora se practique en la red (bloggeando, o respondiendo a blogs y a columnas periodísticas) que los escritores leen mientras toman en casa su café matutino. A falta de computadora, no queda sino echar mano de la pared de los baños públicos, ahí garrapatear cualquier cosa. Y no hablemos de los fanáticos, biblia y latas de soda a bordo, o pistola al cinto en un andén.

Es evidente que le escribo para hablar sobre su obra (y la mía), pero hay también otras razones. Hace unas semanas, oí el Segundo Sueño interpretado por Jesusa, en el Teatro que lleva su nombre, y lo volví a percibir como algo mío. Tan picada me quedé, que lo releí viajando en tren de Berna hacia Londres –absurda empresa-, sin parar, excepto si me mareaba.

Estaba yo a kilométros de distancia de los volcanes nuestros, y a kilométros de que a nadie le importase un bledo ni usted, ni su poema, y me sentí bastante sola, y lo que es peor es que yo no entendía ni pío lo que decía la gente, su acento suizo me era de todo punto incomprensible, como un perro debía adivinar lo que decían por el tono. La verdad es que en cualquier otro lenguaje que no sea el nuestro soy bastante limitada, pero venía sin tutor o guía, y me sentía frita.

La idea de escribirle me vino ahí, de súbito. Guardé la ocasión hasta este momento, hoy, que comí a deshoras y sentí la vida crujiendo. El profesor Housman (a quien Auden debió haber leído bien, que no es mi caso, y a él me atengo) fue el primero en asentar cuán estimulantes son los malestares que la vida humana padece en su maldición; las gripes, los pesares, los dolores son muy fértiles; no exagero al decir que incontables poemas de primera se deben, no tanto al corazón roto de un amante, como a un episodio de influenza, porcina o estacional.

Sé que aún no espeto entera la explicación de por qué le escribo. Debo empezar por confesarle: cuando estaba por salir de casa, me detuve a pensar frente al librero, ¿qué me llevo para leer durante el viaje? Cargué con su volumen de obras reunidas. Por eso le escribo a usted, no traía otro autor en la maleta tendrá los pantalones para no rebotarme el correo?).

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45714.html

Un abrazo

Aurore Dupin dijo...

Queridísima:

Dudo qué época sea peor: el siglo XVII o el XXI; entre represión eclesiástica/social y la saciedad de las redes sociales de RBD, patito feo y TVynovelas. "Ambas dos" son tan terroríficas...

El maestro Tiziano le hizo "fotoshopeó" a la Venus de Urbino...como me has enseñado, hay de fotoshop a fotochop.

Esa divagación de la "lujuria desenfrenada" por el conocimiento no es del magisterissimo -Dios lo libre- sino de esta cabeza esquizotípica; concuerdo con vos que es la concupiscencia que deberíamos desarrollar.

El maestro escribió:

"Su erotismo es intelectual(...)Se complace, como todos los grandes enamorados, en la dialéctica de la pasión.

Siente a su cuerpo como una llama sin sexo"


Sin duda alguna, Sor Juana volvería a contagiarse gustosamente de peste bubónica ante la frase "Ah, sí, ésa que sale en los billetes, ¿no?"

Besos para morirse.

Aurore Dupin dijo...

Ana:

Ni dudarlo. Sólo si el corazón, el hígado y el cerebro -los tres asientos consecutivos del alma- están donde deben, se crean esas sublimes letras.

Fueron demasiadas chalupas jodederas y envidiosas para tan soberbio galeón, porque "Dentro de esta tradición el saber desinteresado parece blasfemia o locura" Paz dixit.

Abrazos bien puestos.

Aurore Dupin dijo...

Querida Menospausas:

Te quiero más que ayer y menos que mañana.

Lo de los mensajes de perfectos desconocidos está genial;

"Oiga, madrecita, yo todavía no le entiendo a ése de los hombres necios, no conozco a Tais, sólo a Thalía, y de Lucrecia creo que salió en una novela, eso de rogar de caído suena bien raro".

Me sentí frita ante las palabras de nuestra gente:

"Aquí mismo en Nepantla, la mayoría no conoce a esta enorme mujer, por ello organizamos este carnavalito, para acercarlos de forma coloquial -dixit- a su obra"

Tan ajenos los suizos como los mexicanos; eso sí, el jaripeo cerca de Yecapixtla estaba a reventar.

Quiero chillar. Sí que necesito un abrazo tuyo.