
Precoz en todo; capaz de escribir poemas extraordinarios antes de cumplir los 18 años. Siempre al filo de todo; su vida fue tempestuosa, contradictoria, un escándalo; malgastada, dicen algunos. Quizá estoy equivocada pero para mi, están los poetas malditos y Rimbaud... el maldito entre los malditos. Intenso, temperamental, talentosísimo y sensible; tan odiado como amado, así fue Jean Arthur Rimbaud.
“Digo que hay que [...] hacerse vidente. El poeta se hace vidente a través de un largo, inmenso y razonado desorden de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; el mismo las busca, agota en si todos los venenos para guardar solo las quintaesencias. Inefable tortura [...] por la cual se convierte en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito - y el supremo Sabio! Alcanza lo desconocido; y, aunque enloquecido, terminara por perder la inteligencia de sus visiones, igualmente las ha visto!”[Jean Arthur Rimbaud]
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Jean Arthur Rimbaud (1854-1891) Precoz figura poética del simbolismo francés. Escribió algunos de los más extraordinarios poemas del siglo XIX. Fue también precursor del surrealismo y uno de los creadores del verso libre. Su extraordinaria vida, intensa y torturada, está bien descrita en su poemario "Una temporada en el infierno". Este soneto de las vocales, en el que a cada vocal se le asigna un color, ayudó en su momento a popularizar la sinestesia [tomado de la página de Arthur Riambaud]
Soneto de las vocales
A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales
yo diré algún día vuestros nacimientos latentes:
A, negro corsé velludo de moscas brillantes
zumbando alrededor de hedores crueles,
golfas de sombra; E, candores de vapores y tiendas,
lanzas de glaciares intrépidos, reyes blancos, temblores de umbelas;
I, púrpuras, sangre salpicada, risa de labios bellos
en la cólera o las borracheras penitentes;
U, ciclos, vibraciones divinas de mares verdosos,
paz de pastos sembrados de animales, paz de arrugas
que la alquimia imprime en las grandes frentes estudiosas;
O, supremo Clarín lleno de estridencias extrañas,
silencios atravesados por Mundos y Ángeles:
O la Omega, ¡rayo violeta de Sus Ojos!