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septiembre 07, 2009

Atracción fatal



Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia (Sarcasmo On)

Marte es frío y seco -la escasa fuente vital se conserva en forma helada-, el hierro es parte básica de su composición externa, la diferencia entre Norte y Sur es notoria...

Venus puede apreciarse tanto a la claridad de Apolo como a la sutilidad de Selene, su atmósfera es increíblemente densa -y cálida-, tiene una inusual rotación retrógrada, y sus nubes están formadas predominantemente por ácidos...

Coexisten en la tierra. Lo que hacen los estrógenos y la testosterona. ¡Oh, sí! Y el sistema límbico.

(Sarcasmo: Off)

Viñeta de Alberto Montt (amo a este hombre). Y... amo a esta mujer.




Y a ésta (me mata):

agosto 05, 2009

comunicación incomunicada **/


Es más que un lugar común afirmar que en estos tiempos, cuando más y mejores herramientas de comunicación existen, paradójicamente sea la época en la que peor comunicados estamos. Y sin embargo, este cliché, casi verdad de Perogrullo, es absolutamente cierto.

En el siglo XXI, la Internet se ha convertido en el principal canal informativo y al mismo tiempo, en el medio de comunicación más utilizado. En este siglo, el desarrollo tecnológico en materia de comunicación ha llegado a límites hasta hace unos pocos años sólo concebibles en alguna novela de ciencia ficción. Hoy día, los artefactos de comunicación -en especial, pero no únicamente, el teléfono celular- han devenido en nuestro apéndice, más que nuestro brazo derecho. No contar con teléfono celular de última generación, es visto como sinónimo de retraso, de estar out y por supuesto, de falta de estatus. La dependencia de este pequeño aparato es tal, que hasta cuando desahogamos nuestras necesidades orgánicas primarias… lo tenemos con nosotros.

Y qué decir de la proliferación de websites. Desde los casi arcaicos blogs [uno de los primeros albergues en donde encontraron refugio -y compañía- los solitarios de la era global; lugares donde se dan cita las soledades acompañadas], pasando por foros de la más diversa índole, hasta llegar a las “redes sociales” mediante las cuales podemos localizar o reencontrarnos con amigos y familiares de quienes no habíamos tenido noticias en años. La más famosa: Facebook. Redefiniendo los avisos de ocasión publicados en periódicos provincianos de antaño, basta con que usted cree su facebook y suba a él sus fotos acompañadas de algunos datos personales fundamentales, para que en menos tiempo del pensado algún ex compañerito de kindergarten o primo en tercer grado de quien no había tenido noticias en 20 años... reaparezcan en su vida… virtual. Y junto al facebook, el más nuevito de los juguetes virtuales: Twitter. El cual ofrece el plus de ayudarnos a desarrollar la escritura sucinta y la agilidad mental. Nada de choros interminables, twitter promueve el viejo lema de “lo bueno y breve… dos veces bueno.” Además, hay que esforzarse por ser originales, lo cual, para efectos prácticos significa volverse hábiles en la confección de haikus noticiosos o de los tópicos del momento. Y es que hay días en que la mayoría de los twiteros, canturrean la misma tonadita... eso sí, cada quien en su muy original estilo.

Y así podríamos seguir comentando sobre la gran cantidad de websites que nos permiten acercarnos y contactarnos con infinidad de personas, porque si algo es innegable eso es el extraordinario desarrollo que la comunicación virtual ha tenido.

Sin embargo, sufrimos los efectos de la incomunicación, o en el mejor de los casos, de una comunicación deficiente. Y es que una cosa es intercambiar ideas, comentarios y gorjeos diversos y otra muy distinta… comunicarnos. Ya no se diga hablar el mismo idioma. Es curioso cómo en un mismo sitio virtual, dentro de un mismo post o foro temático, podemos encontrar posiciones tan encontradas, lo cual por sí mismo es positivo pues nada como la diversidad de pensamiento para enriquecer el conocimiento, mi comentario va en el sentido de que a veces, dentro de un intercambio de comentarios y mensajes tal pareciera que cada quien habla de algo diferente: de pronto es como si estuviéramos jugando al antiquísimo “teléfono descompuesto”. Y aquí está el quid: no sabemos escuchar al interlocutor; vamos escuchando nuestro propio soliloquio y cuando vemos el mensaje del o los interlocutores, simplemente acomodamos sus palabras acorde a lo que nos interesa, desvirtuando no pocas veces lo dicho o escrito por los demás. Y es que a la par de la incomunicación, el Siglo XXI es el siglo del individualismo, por contradictorio que parezca, en plena era global somos más individualistas que nunca.

Parafraseando a André Malraux, hace algunas décadas podríamos haber “vislumbrado” que:

El Siglo XXI será humanista [en lugar del espiritual atribuido al escritor francés] o no será.


Y a nueve años de iniciado el presente milenio, lo entrevisto ha resultado muy distinto: el Siglo XXI es altamente tecnológico e informático, pero poco o nada humanístico. Y es posible que en esa alarmante deshumanización que vivimos hoy día, radique la incomunicación: no puede haber una verdadera comunicación, cuando tanto emisores como receptores, estamos demasiado centrados en nosotros mismos; perdidos en nuestros propios pensamientos e ideas, como para prestar atención a lo que dicen los demás.

Nuestra comunicación resulta meramente superficial y –las más de las veces- absolutamente impersonal… eso sí, siempre efectuada mediante los más modernos adminículos tecnológicos y a través de los más novedosos sitios virtuales y es que...

... no exhibirse en facebook ni gorgorear en twitter... es igual a estar out

“Qué bellas
y ellos
qué bellos
con su look
de Facebook
y los últimos hits
en su caja de bits
y su Twitter
y su Peter
y su Pan
y su ser
sin saber
a dónde van”

Alevoso Canalla/

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*/Alevoso Canalla/ [a quien agradezco haberme permitido utilizar su pequeño poema en este escrito] es un Escritor devenido bloguero, desde ya... mi próximo novelista favorito; sólo es cosa que la –sobreviviente sempiterna de tantas crisis económicas, batallas mafiosas y egolatrías rampantes- Industria Editorial Mexicana... tenga a bien publicar su primera novela, llamada probablemente País de Canallas

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**/publicado originalmente en: http://www.siriusfem.com/

junio 21, 2009

carlota... entre la lucidez y la locura

"Yo soy María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, Princesa de la Nada y del Vacío, Soberana de la Espuma y de los Sueños, Reina de la Quimera y del Olvido, Emperatriz de la Mentira: hoy vino el mensajero a traerme noticias del Imperio, y me dijo de Carlos Lindbergh está cruzando el Atlántico en un pájaro de acero para llevarme de regreso a México." Fernando del Paso. Últimas líneas de Noticias del Imperio, pág 668


Para estar loca, dijo algún día Fernando del Paso, Carlota de Bélgica parecía demasiado lúcida. Para actuar y pensar con lucidez, le sobraba sensibilidad. Quizá su locura, era no encajar en un mundo demasiado mezquino, convulso y masculino, digo yo que siempre he tenido debilidad por los outsiders, los locos y los ángeles caídos

"Mi carne, Maximiliano, escúchame aunque sea muy tarde: mi carne nació para el amor [...] para sentir el calor de las manos de los hombres. Mi piel nació para ser amada por las nubes, por las mariposas. Yovivo desnuda en una habitación llena de mariposas ciegas [...]" Fernando del Paso. Noticias del Imperio, pág 419

Carlota, poco antes de morir, reclusa en el Castillo Bouchout en Bélgica, aún clama por su Maximiliano... 60 años después de su muerte; clama por el amor y la pasión. Para estar loca y vieja... tiene la piel muy viva.

"Dicen que estoy loca sólo por eso: porque quiero recoger todos los pedazos de mi vida y con ellos, como con un rompecabezas, hacer un espejo donde pueda ver mi vida entera en un instante." Fernando del Paso. Noticias del Imperio, pág 414-415.


La novela histórica o historia novelada, no es muy del agrado de los críticos e historiadores; no son afectos a que se de rienda suelta a la imaginación, tomando como pretexto los acontecimientos que han marcado la historia de un país. Dicen también, que no siempre resulta sencillo distinguir hechos reales de la simple ficción. Es posible que tengan razón, pero me parece que no puede hacerse tabla rasa de todas las novelas históricas; como en todo, hay niveles. Desde mi humilde opinión, Noticias del Imperio es una gran novela histórica, o historia novelada. Más ficción que realidad quizá, pero no por ello menos fascinante y aunque su lectura puede resultar extenuante, eso no le resta un ápice de su enorme valor. Historia y ficción mezcladas por la gracia imaginativa y narrativa de Fernando del Paso; una novela desaforada, rica, amorosa, alucinada y lúcida... tal como se muestra a su protagonista, Charlotte de Belgique Impératrice du Néant.









imagen: la actriz canadiense Lori Hazine-Poisson durante la representación de Charlotte de Belgique, Impératrice du Néant

mayo 01, 2009

lanzar piedritas al río

Mi avatar no es gratuito. Pero durante mucho tiempo me sentía rara por gustar de un filme como Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, Tan distinto, casi opuesto, a mis preferencias cinematográficas habituales. Así que guardé ese gustito muy en secreto, confinándolo en el baúl donde escondo mis placeres culposos. Solo hasta que lo vi por segunda o tercera vez, reparé en por qué me gustaba tanto esa escena donde Amélie, embargada por un sentimiento de melancolía, va hasta el canal de San Martín y lanza piedritas, mientras va dejándose llevar por la contemplación del pequeño oleaje que su hundimiento produce y con el cual la melancolía va disipándose. Al verla, me acordé de la costumbre de mi pueblo, consistente en llevar a los niños enfermos de tiricia... a lanzar pequeñas flores al río, con la esperanza que al ser arrastradas por la corriente del agua, las florecitas se lleven consigo esa inexplicable melancolía infantil. Mi abuela me contaba que en más de una ocasión, me llevó a lanzar florecitas rojas al pequeño río que corría tras la casa. Mirando atrás, supongo que ese ritual pueblerino surtió efecto, pues tuve una niñez feliz aún cuando no fue como la de los demás niños, ya que crecí lejos de mis padres y mis hermanos; y por lo mismo -cuando en las vacaciones escolares iba a casa de mis padres-, llegué a sentirme como una extranjera dentro de mi propia familia.

Hoy mientras escribo esto, no es que sea presa de la tiricia -bueno, quizá un poco: Estoy confinada en casa y aunque no soy de las que extraña el caos vial ni las aglomeraciones, la tensa calma que se respira no es como para gritar de felicidad. Sin embargo, lejos estoy de ponerme a listar las cosas que deseo hacer antes de que llegue el fin del mundo (algo que ahora está muy de moda entre los blogueros mexicanos). Quizá porque, insensata como soy, me niego a creer que una epidemia de influenza humana nos llevará al fin del mundo. O quizá, al ser demasiadas las cosas que quiero hacer antes de morir, no me place escribirlas como si se tratara de mi testamento. Pero algo de melancolía habrá, que me acordé de una película rusa llamada Cartas de un hombre muerto; donde un científico sobreviviente a la hecatombe nuclear y encerrado en un refugio junto a unos niños, escribe exorcizantes cartas a su hijo muerto. Lo interesante del filme -amén de exhibir la arrogancia y supina estupidez humana- es que pese a la desolación que lo invade (no sabría decir qué fue primero, si el filme o la explosión de Chernóbyl), tiene un final esperanzador: el científico abandona el refugio llevándose a los niños, a quienes dice algo así:

"Recuerden. El mundo no ha muerto... Váyanse y caminen hasta que se les agoten las fuerzas. Porque el hombre que camina siempre tiene esperanza"

De mi listado de cosas que desearía hacer antes de que llegue el fin del mundo, me encargaré después. Pero como me gusta caminar y mucho, me dispongo a seguir haciéndolo... aun en el encierro. Y al igual que Amélie Poulain, voy a lanzar pequeñas piedritas al Canal, o a tirar florecitas rojas como lo hacía a los tres años. Sin importar que el Canal de San Martin esté tan lejos como el río de mi infancia y que de momento, no tenga a la mano piedritas ni de flores rojas... es que fue día del trabajo y las vendedoras no salieron a ofrecer sus floridas mercancías...


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