verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.
J. Cortázar. Para leer en forma interrogativa.
En una noche de tertulia (casi a lo Pedro Infante)… que transcurrió en la sala-cocina-comedor-terraza-desván de las queridas tres, del teclado brotó un incipit emocional: “Las personas son como los libros…seducen por la apariencia, el olor, el tacto…pero uno decide si pertenecen a la biblioteca privada por el contenido”.
Ciertamente, los sentidos no son más que receptores del quimérico mundo externo: el Hefesto que forja la realidad sui generis -literalmente personalizada-, no tiene aspecto agraciado: semeja un Jovis glans al estilo tártaro; y es un Magritte biológico.
La intersubjetividad. Esa interrogante del neocórtex que determina que identifique al otro (hombre, mujer -o quimera/demonio si así lo prefiere-) como semejante – y no como mero ente animado con nula presencia en lo abstracto- está sustentada en forma primigenia por las protoneuronas de Schultz: en el limbo del sistema límbico* el aroma desencadena esa complejo mecanismo del “eres como yo”.
*La mayoría de las regiones cerebrales sexualmente dimórficas pertenecen a este complejo: el hipotálamo alberga la mayor concentración de receptores de hormonas sexuales, por lo que acabamos en el tálamo –aunque no necesariamente con vínculo matrimonial-. Somos un juguete de ese tirano: domina sobre el hambre, la sed, el sueño, la temperatura corporal –en todos los sentidos- (los núcleos de la región preóptica medial del hipotálamo anterior codifican información acerca de sus gustos por la sandía, el melón…o el cóctel).
Si bien este es un proceso común a todos los mortales, existen ciertos individuos cuyo aroma perturba a las ovejas in albis, a los mastines guardianes, a los pastores…y a las ovejas Opus nigrum: los bibliófilos.
Plasmado en novelas como Fahrenheit 451 -tanto en la tinta de Bradbury como en el celuloide de Truffaut- el miedo a lo diferente llega a su apoteosis: una inquisición “moderna” (en cuanto al mero espacio-temporal, porque los sustentos permanecen impasibles). Personas libro.
Tal vez por esta razón - ser una especie en amenaza constante y con cierta negativa a la reproducción a través de la mera replicación celular- desarrollo un apego irracional, -rayando en lo patológico- hacia éstos.
La alegoría de Juan José Millas plasmada en la cápsula de Los imaginantes (infinitas gracias, Malbicho) acerca de Las figuras del destino en la Edad Media puede ser tangible con mujeres concretas: seres excepcionales que se deslizarán por nuestros dermatoglifos de forma tan efímera que nos parecerá una ilusión de chistera (nos conducen a un estado alterado de conciencia, independientemente de ser Victoria Cirlot).
Han existido encuentros que quedaron en agua de borrajas, no lo niego; pero el éxtasis ante ciertas féminas y su estela aromática de absenta es soberbio.
El querido encuadernador de libros antropodérmicos no es tan metafórico como parece… aun cuando el fetichismo hardcore es un extremo que no comparto: El atavismo mental debe refinarse ¿Paradoja de las filias? ¿Sublimación? ¿Las mujeres son cuadros de Jackson Pollock ó rectángulos áureos de Botticelli? ¿Maga ó Hanna Arendt? ¿Lou Andreas-Salomé ó Madame Bovary? ¿Santa Águeda ó Hroswitha de Gandersheim?
“El lema de todo verdadero lector es De gustibus non est disputandum (…) Al fin y al cabo, ¿qué son las bibliotecas sino archivos de nuestros gustos, museos de nuestros caprichos, catálogos de nuestros placeres?
Alberto Manguel. Historia de la lectura.
Non est in toto sanctior orbe mons…que el de Venus: un santuario tan impresionante como el que se erige en La Verna (sólo accesibles tras realizar la Subida del Monte Carmelo al más puro estilo de San Juan de la Cruz) -y Primero Sueño de Sor Juana Inés ídem-: el éxtasis místico-amoroso/sináptico –sacro y profano comparten el tren en el recorrido de las circunvoluciones cerebrales- el compartir vagón o realizar la arquetípica asignación de primera, segunda y tercera clase es una esfinge Per se.
Cuán complejo es servir a tres amos: cuerpo, mente y espíritu…aun cuando residen en la misma casa (o -tal vez- por eso mismo: la jerarquía impera en los espacios cerrados).
“El amor verdadero y completo es cuando dos corazones, dos mentes y dos cuerpos se unen en abrazo y comprensión…se produce una vez en mil años. Mientras sólo concuerdan dos elementos –mente y cuerpo sin el corazón, o cuerpo y corazón sin la mente- uno cree que el tercero existe de algún modo, hasta que su ausencia llega a sentirse tan fuertemente que mata la sympathie de los otros dos.”
Carta de George Sand a Emile Paultre.
Imagen: Facebook, de 3KTA.