"La erótica hindú es muy antigua y, como puede verse en el Kamasutra y en otros textos, posee características que la distinguen tanto de la árabe y la china como de la europea. El otro polo de la licencia sexual es la castidad. Con insuperable concisión dice el poeta Bhartrihari (¿siglo VII?):
¿Para qué toda esa hueca palabrería?
Sólo dos mundos valen la devoción de un hombre:
la juventud de una mujer de pechos generosos,
inflamada por el vino del ardiente deseo,
o la selva del anacoreta.
(…) El genio indio es amor por la abstracción más alta y, simultáneamente, pasión por la imagen concreta".
Octavio Paz.
Aunar la abstracción más etérea y la pasión por las imágenes es un éxtasis; L’Opéra Imaginaire es esa fusión: de lo más sublime que he experimentado. Una sinestesia que se torna puente a lo divino; no soy auditiva verbalmente -musicalmente sí, las palabras que no visualizo me son muy huidizas-.
Ah, el puente de noble metal conceptualizado por Shah Jahan, para unir su mausoleo de mármol negro al Taj Mahal *-según la leyenda-
Por algo no se concretaría: hubiese sido una belleza insoportable; un síndrome de Stendhal fulminante. El goce en un sentido lacaniano, según Néstor Braunstein:
“En tanto hace del goce, ya sea un exceso intolerable del placer o una manifestación del cuerpo cercana al dolor y al sufrimiento”
Por otra parte, el estado alterado de conciencia se disiparía al contacto con la realidad pura y dura, con lo que existe fuera de esos jardines simétricos: México y sus múltiples conquistas -a semejanza de la India-, y como ésta, con una distribución de recursos hacia los extremos. El santo hedor de
* Bichicida organofosforado. Se degrada rápidamente por oxidación y fotólisis en un ambiente húmedo, por lo que no se acumula en el ambiente; debido a su escasa perdurabilidad en el mismo, son necesarias aplicaciones periódicas (cada 3 y 6 años, por lo general) lo cual lleva al riesgo de mayor exposición al tóxico. Se absorbe por todas las vías. Se disuelve bien en los lípidos Carstensianos, por lo que atraviesa fácilmente la barrera hematoencefálica. Inhibe la acetil-colinesterasa; en resumen: es un neurotóxico. Provoca babeo, lagrimeo y ojos rojos (aumenta todas las secreciones imaginables al nivel que guste) además tendrá calambres, temblores y fasciculaciones (se le van a mover los músculos independientemente de su voluntad -mátame, pato Rogelio o dame un poco de tu burbujeante pipa de brezo-, especialmente para conseguir alimento), tendrá arritmias (el corazón le latirá de más o de menos -si no es Chana, es Juana; ¡Ay!, esas dicotomías-, dependiendo de las bolsas de los que manejan la ídem).
Ah, un collar de diamantes de un millón de rupias para el telespañolito…su amor por México debió ser profundo…casi como el de los conquistadores: puro, deslumbrante, avasallante; cavó a todo lo que sus fuerzas le permitieron en esta idolatrada tierra ¿Cómo no amar la colmena que lo hizo zángano?
Oh, la belleza que fascinó al –entonces con más cabello- príncipe azul. Transcurridos dos años desde su coronación, la tragedia sucedió: su amado no soportó otro parto cerebral. Eran demasiados. La fiebre PRI-erpural –ehm, no podría tener la puerperal- lo apartó de su lado; en su lecho de muerte, -y otrora de acoPANmiento o cópula entre carnales- su fiel acompañante le pidió que construyese un menumento sin igual para honrar la memoria de su partida de…este mundo.
Jade y cristal de China, turquesas del Tíbet, lapislázuli de Afganistán, petróleo de Tabasco, arena del Mar Caribe –la que queda de original-, centenarios y onzas de plata, dólares y euros, el Rey sabía que los vanos y groseros elementos terrestres debían transmutarse para la gloria de alguien tan querido; qué importaban sus miserables súbditos –tan feos e ingratos que sólo hablaban mal del país que ni era suyo- que se afanaban por el tubérculo diario: sopas maruchan, coca-cola y galletas de animalitos; algún festín con una hamburguesa mutante del McDonald’s (con esa arquitectura que respeta al pueblo mágico donde esté situado, pero no estoy hablando de San Cristóbal, nomás del niño que lleva a cuestas para cruzar el río).
Pero esto es palabrería.
¡Oh, Hombre de busto generoso, inflamado por el ron Edmundo Dantés!
Satán, ¿y no va a llevarse a la mallestra y a la que fuma mota? Nomás digo.
“La verdad, cuánta falta nos ha hecho”
¿Nos, Kemo sabe?
¡Ay, señor! ¡Qué tiempos aquéllos donde en los gabinetes había gente de a de veras, como Torres Bodet o el magisterissimo sibaritissimo*.
Ahora nos falta una representación de Carmen, por favor. Un torero y un militar disputándose los favores del Feli-pito…A pesar de los irresistibles encantos que el ejército tiene para el chaparrito, probablemente le atraiga eso de las cornadas en la arteria femoral…Se nota que le rete-encantan; sólo que no nos lleve al ruedo a nosotros.
Virtudes del difuntito. Ora pro nobis.
Pureza del finado. Ora pro nobis.
Rectitud del fallecido. Ora pro nobis.
Riqueza del morido. Ésa debería ser para nobis, no para los “nobles” región 4(tenemos una amplia variedad para su necesidad de vasallaje: caciques, reyezuelos, emperadores de emparedado, condesas de blanco y Polanco, condes de los montes, galanes encopetados y gaviotas en búsqueda del molusco dorado, Et. al.)
“Donde encontramos una erotización de las ideas es en
Octavio Paz.
*Querido Octavio: Usted tiene la culpa por escribir esos perturbadores textos. Fomenta la perversión ideológica, y peor aún, incita a las bacanales.
Adéndum: Hoy no encontré veladoras, así que le dejé un cirio. Dispensará.
Rezo de la semana: Tagore místico.