
Pero el afán de Sor Juana no me parece sólo una lujuria desenfrenada por el conocimiento; no, en absoluto. Desarrolló un finísimo erotismo mental hasta llegar al amor* por Sofía; esos pasajes junguianos del desarrollo: Eva, Helena, María y Sofía: cuatro arquetipos vividos y sabidos por El Fénix; la vastedad del conocimiento abrumó a esta extraordinaria mujer.
* Ese amor expuesto magistralmente por…Octavio Paz, para variar, en La llama doble.
Empero, tuvo los ovarios –disculpen la metalepsis barata- de escribir ante los elogios:
Un casi rústico aborto/de unos estériles campos,/que el nacer de ellos yo/los hace más agotados
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No es culpa, porque no tengo obligación; no es descrédito, pues no tengo posibilidad de acertar, y ad impossibilia nemo tenetur. Y, a la verdad, yo nunca he escrito sino violentada y forzada y sólo por dar gusto a otros; no sólo sin complacencia, sino con positiva repugnancia, porque nunca he juzgado de mí que tenga el caudal de letras e ingenio que pide la obligación de quien escribe; y así, es la ordinaria respuesta a los que me instan, y más si es asunto sagrado: ¿Qué entendimiento tengo yo, qué estudio, qué materiales, ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías superficiales?
Según Xavier Villaurrutia –ese farfallone amoroso- "todos conocen la anécdota de que una vez fue sometida a un examen por los hombres más ingeniosos y sabios de Nueva España y que ella supo contestar todas las preguntas sobre temas diversos: filosofía, ciencias naturales, etcétera".
Lo que es menos conocido es esto, profesor X:
“Yo distingo dos clases de curiosidad: la curiosidad de tipo masculino y la curiosidad de tipo femenino. Un hombre puede tener curiosidad femenina y una mujer curiosidad masculina. Este es el caso de Sor Juana.
La curiosidad como una pasión que no acrecienta el poder del espíritu, la podemos personificar en Eva, que mordió por curiosidad el fruto prohibido. En Pandora, que movida también por ese pensamiento, abrió la caja que le habían prohibido. Esta es una curiosidad de tipo accidental; pero hay otro tipo de curiosidad, una curiosidad más seria, más profunda, que es un producto del espíritu y que también es una fuente en el conocimiento. Esta curiosidad como pasión, no como capricho --la curiosidad de Pandora es un capricho--, es la curiosidad de Sor Juana”.
Esta polarización fue puesta con todas las letras por alguien relacionado a X: P (sí, confieso que en la primera parte destacar al ánimus fue exaltado ánimo).
Naturalmente, no niego la existencia de los factores fisiológicos: pienso que no hay tipos puros y que la gama de la intersexualidad es inmensa*. Tampoco creo que la personalidad física y psicológica de Sor Juana se ajuste a la descripción de Pfandl, copiada de los libros de psiquiatría. En fin, me parece que la “masculinidad” de Sor Juana, para llamarla así, fue más psicológica que biológica y más social que psicológica.
(…) ¿Cómo, en una civilización de hombres y para hombres, puede una mujer, sin masculinizarse, acceder al saber?**
* Gracias, Kinsey.
** Gracias, Paz, por la brillante disertación de neurosis/envidia del pene-menopausia Vs. circunstancias sociales e históricas
Otro ejemplo de personaje conmovido, espoleado por esta pasión del espíritu, es Ulises. Sus aventuras revelan una curiosidad de tipo científico. No era su viaje una simple aventura, sino que perseguía un fin. Pues bien, Sor Juana, es para mí un representante de esta forma de curiosidad masculina. Lo prueba su avidez de conocimiento; su valor para alejarse de la comodidad, de abandonar todo aquello que le servía de marco dorado y esplendoroso en
Allí sí discrepo con usted, Monsieur Villaurrutia: Aun cuando el saber de Sor Juana fue adquirido lauro y lo veneraron como infuso, me parece que la teología iba mucho más allá del plano “netamente intelectual” en Juana Inés Ramírez de Santillana; varios críticos –mucho menos finos que vos- convergen en ese puntito irritante “Que en las obras encuentran un predominio de la forma sobre el fondo”. Les diré que no ven la magnífica forma del fondo*: los ojos no sólo no ven lo que la mente no sabe, sino que además, el cerebro rellena huecos que deben permanecer vacíos para la armonía del conjunto, en ese afán de la coherencia del mundo según el hemisferio izquierdo –Oh, Wilde, y tus inmortales epigramas “En los mejores días del arte, no existían los críticos de arte”- (óptica egoísta**). Vaya, que por ser espiritual no se quita lo intelectual, así como lo cortés no quita lo valiente (de hecho, me parecen cualidades más unidas que dicotómicas, pero esta sociedad polarizada –o eres cuerpo, o eres mente o eres espíritu, decide- es una cosa esplendorosa).
* Vivir entre indígenas, negros, españolitos que no veían la tele, la corte y el convento, sin duda le forjó un conocimiento de la naturaleza humana como pocos.
** Y como tal, despojada de objetividad -o llena de afectos sesgados, según se mire-; encontrar el equilibrio entre ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre es muy difícil. La verdad pura y dura se me va de las manos como las palabras oídas; de analista no duraría ni un ciclo circadiano, eso es seguro.
Porque me amáis más de lo que yo me puedo amar…
Me acuerdo de Custodia, El hembro y La hombra en Ladera Este.
Imagen: Tres grandes mujeres. Zorgia en deviantART
