Decía Borges que la dicha no puede contarse, sólo vivirse. No sé si esto pueda aplicarse a al belleza, pero me parece que ésta tampoco puede contarse. La belleza se mira. Y al ser una cuestión de apreciación, su concepción varía de persona a persona; donde otro ve belleza, quizá yo solo mire frialdad y donde yo encuentre hermosura, él verá fealdad. La belleza está en los ojos de quien la mira. Alguien lo dijo, no sé si fue Platón o yo inventé que fue el filósofo griego quien lo hizo. Y sin embargo, de una u otra forma, bajo el concepto particular que cada quien tenga, todos perseguimos la belleza; sea para llenar nuestras vidas con ella, sea para hacerlas un poco más tolerables.Si miro hacia atrás, encuentro belleza en los ojos de un hombre que me amó hasta el grado de la obsesión, pero que ya no está más a mi lado, porque un día me llenó de pavor su amor obsesivo. La belleza habitaba también, en los ojos de jade del hombre que amé intensamente, pero que no podía amarme como yo a él, pues corazón pertenecía a otro hombre. Y fue belleza lo que vi en los ojos de otro hombre, uno que me miraba como si yo fuera lo único existente sobre la faz de la tierra y cuyo corazón terminé rompiendo... con todo y el dolor del mío.
Pero quizá no haya visto mayor belleza, que la reflejada en los ojos de aquella niña que caminaba descalza por la Sierra de Guerrero, abrazando contra el pecho el gran tesoro recién encontrado: una vieja muñeca de trapo. Porque la belleza está también, en la desnudez y en la inocencia; en la infinita tristeza que en aquel momento me produjo esa criatura y a quien recuerdo esta tarde lluviosa, sin poder evitar sentirme nostálgica. La belleza puede ser exuberante, vívida; una explosión colorida o el sonido de coros celestiales; pero también, una imagen tremendamente melancólica... y la paz del olvido.
Sí; para mi, la belleza está en la mirada... sea en la de otros o en la mía, que encuentra belleza donde otros solo ven ordinariez.
"Sigo tan sediento de absoluto como cuando tenía veinte años, pero la delicada crispación, la delicia ácida y mordiente del acto creador o de la simple contemplación de la belleza, no me parecen ya un premio, un acceso a una realidad absoluta y satisfactoria. Sólo hay una belleza que todavía puede darme ese acceso: aquella que es un fin y no un medio, y que lo es porque su creador ha identificado en sí mismo su sentido de la condición humana con su sentido de la condición de artista. En cambio, el plano meramente estético me parece eso: meramente." [Julio Cortázar. Rayuela, pág. 539]
Imagen: Jean Marais dans La Belle et la Bête.