Para sobrevivir a estos tiempos no muy gratos, mi amigo Marco propone apagar tv, cerrar periódicos; poner oídos sordos a las necedades y a la repetitiva estupidez mediática. Estoy completamente de acuerdo y creo la mayoría de los mexicanos pensamos igual; aunque no podemos negar la existencia de algunos estoicos dispuestos a soportar los noticieros de tv [de mi parte, debo confesar que estoy a punto de seguir una de las máximas más sublimes de ese prohombre llamado Vicente Fox Quesada -, quien en un momento de supina iluminación nos aconsejó dejar de leer el periódico y así evitar sufrimientos, malos pensamientos y amarguras]. Pero la propuesta de Marco no se queda en la mera evasión informativa, algo que casi todos hemos pensado más de una vez. Lo verdaderamente interesante es la parte donde invita a revivir El decamerón - ; emprender un largo viaje de huida e instalarse en algún sitio idílico; alejado del mundanal ruido, provisto con las mejores comodidades y los placeres más exquisitos... y en las mejores compañías (buuueno, lo de los placeres exquisitos se lo agregué yo; Marco es demasiado correcto para decir eso).
Siete mujeres y tres hombres conviviendo durante días y noches... -¿diez días, semanas o meses? no lo aclaramos-, sin nada más que hacer que pasar el tiempo, contar historias y dar rienda suelta a la creatividad. Quizá sería más interesante, como mera experiencia formativa aclaro, vivir esas historias contadas. La sugerencia de Marco es más que incitante y para él , imaginó que está perfecto revivir el Decamerón -no es reclamo querido- tal como lo concibió Bocaccio. Pero me parece, y no es un repentino arranque de feminismo recalcitrante -algo que me inspira profunda fiaca-, sino mero pragmatismo, que haría falta un cambio en el número de integrantes por sexo. Está bien que nadie está proponiendo vivir en una especie de orgía perpetua; pero un poco de equilibrio le inyectaría mayor variedad al asunto. Sucede que, normalmente, las mujeres somos más proclives a contar historias rosas, cuentos de hadas con finales felices... y diez días -suponiendo que solo sean días- oyendo cuentos de ese estilo [en principio 70 historias contadas por mujeres, contra 30 platicadas por hombres], suena ligeramente aburrido. Pienso que la mente masculina es capaz de contar cosas menos empalagosas y mucho más concupiscentes. No digo que las mujeres no las imaginemos, pero por alguna inexplicable razón tendemos más a la autocensura o somos más púdicas, para andarlas contando delante de los demás, en vivo y a todo color... apenas nos atrevemos a contarlas en un blog.
Hasta ahora esto se ha quedado en mera propuesta, una elucubración útil para ocupar la mente en otros temas y mientras ese estatus no cambie... ¿qué tal un extracto del filme Il Decamerone de Pasolini y un poema ad hoc para este escape hedonista
"¡Hoy el espacio es fabuloso!
Sin freno, espuelas o brida,
Partamos a lomos del vino
¡A un cielo divino y mágico!
Cual dos torturados ángeles
Por calentura implacable,
En el cristal matutino
Sigamos el espejismo.
Meciéndonos sobre el ala
De la inteligente tromba
En un delirio común,
Hermana, que nadas próxima,
Huiremos sin descanso
Al paraíso de mis sueños."[Charles Baudelaire El vino de los amantes]

