mayo 31, 2009

la fuente de los amantes

A las dos de la tarde del penúltimo día del mes de mayo, el sol cae inclemente sobre la ciudad. El viento apenas sopla a intervalos y lejos de apaciguar el calor, parece acrecentarlo trayendo consigo ráfagas ardientes. La ciudad es presa del aletargamiento, como aturdida por el bochorno que anticipa la fiereza de la canícula ya próxima.

Huyendo de ese adormilamiento citadino, los amantes buscan un refugio; un oasis en medio de ese desolado panorama de asfalto, motores y smog. Después de deambular incesantemente, por fin lo encuentran en esa fuente, que hasta antes de su llegada lucía incompleta y algo solitaria.

El agua que cae desde lo alto los acaricia, llenándolos de frescura y tranquilad. Se siente tan bien estar en ese remanso de quietud y silencio, apenas interrumpidos por el sonido del agua al caer. Los amantes han decidido quedarse para siempre en ese refugio.... que ya nunca más lucirá incompleto ni solitario.





“Estando despierto o cuando me duermo, la dulce memoria de hermosas fuentes me ha acompañado durante mi vida. Me vienen a la memoria fuentes maravillosas, las fuentes de mi niñez; los vertederos de agua en los sobrantes de las presas; los aljibes y los estanques (…) y desde los viejos acueductos, perennes recuerdos de la Roma imperial, que desde perdidos horizontes acarrean su tesoro líquido para dejarlo caer como cintas de arco iris en una cascada.”

Luis Barragán

Arquitecto mexicano







imagen: fuente de los amantes. Luis Barragán

mayo 27, 2009

poesía para envolver

Una tarde cualquiera usted deambula por la ciudad y repentinamente, queda prendado de un bonito tarro para café. De acuerdo, esto es una proyección: mi artículo fetiche favorito son los tarros para café; cuando viajo, siempre me compro uno. El quid es que el objeto de su repentino deseo, sea rompible y requiera protección. Como usted no anda en un gran almacén ni en una pequeña boutique, sino en un sitio más rústico, por ejemplo un mercado artesanal o el mercado de las pulgas de su preferencia, no hay cajita a la medida, ni siquiera papel burbuja [digresión: es magnífico como terapia para la neura, después de media hora de reventar esas burbujas… uno queda lacio, lacio] para envolver el objeto, por lo que el dependiente se lo envuelve en periódico viejo. Una vez en su casa, usted desenvuelve su preciado objeto, hace bolita o rompe el papel y... a la basura. Eso hacen las personas normales. Pero existimos otras –lo digo en plural porque quiero pensar que no soy la única-, a las que nos da por curiosear ese periódico y no lo tiramos sin antes haber visto qué decía. En el noventa y nueve por ciento de los casos, se trata de información que no resulta de nuestro interés. Pero en el uno por ciento restante, cabe la posibilidad de encontrarnos con… poesía. Y entonces, uno se siente casi en una película. Ese es el caso de la poesía que pongo aquí. Apareció perdida en un pequeño rincón del último sitio donde yo hubiera creído encontrar poesía: un diario especializado en economía y finanzas, El Financiero. Aquel pedazo de periódico había servido para envolver un hermoso tarro de talavera poblana que me encontré en algún tianguis sabatino. Pero lo mejor de todo fue leer el nombre del autor de esa pequeña poesía encontrada: un amigo bloguero. Y aún más curiosidades o vueltas de la vida: en aquel tiempo, él tenía una columna semanal (buenísima) en otro periódico... digamos, rival de El financiero. Y resulta que en la actualidad, sus textos son publicados en este diario especializado en mercados de valores y en cual, por una razón que él mismo desconocía, años atrás habían publicado su poema.

Y aquí el poema

"Porque estos días lluviosos me lo exigen
con su necia soledad vespertina,
y la ajena belleza de unos cuerpos
que conozco bien y que me desconocen
es apenas una daga feliz
que en mí se derrumba. También porque es cierto
que la vida es una vano,
un inútil montón de negligencias.

Volver a ese tibio gozo
que implicó cada cosa hecha contigo;
a la rutina y al aburrimiento,
tan queribles, pero al ardor también,
al ardor, a la dicha y a la alegría.
Al sencillo detalle de abrazarte"

Alonso Ruvalcaba

mayo 23, 2009

la risa como subversión


“No tienes sentido del humor”, me dijo él mientras ponía cara de “lo siento”, cuando llegó hasta el sitio donde yo tomaba café y leía el periódico, en espera de que él saliera de la sala de cine. Yo lo había dejado solo en la sala de proyección, apenas transcurrida la mitad de la película.

—"Tienes razón, no tengo ni sentido del humor ni estómago para aguantar semejantes bazofias", le respondí yo.

—"Jajaja, Chuycita, te debo una comida y una buen copa de vino para que digieras esa cosa. Hasta para mí, que acostumbro ese tipo de películas, este bodriazo fue demasiado", Concluyó él. 

Será que no tenemos sentido del humor ninguno de los dos, pues a decir verdad creo que éramos los únicos en la sala que no reíamos a carcajada batiente mientras el tal Zohan, en plan de estilista ochentero, hacía gracejadas en torno a los maravillosos poderes de sus genitales.
___________

Esa insulsa platica sostenida hace tiempo entre mi amigo y yo, refleja algo escrito por el gran escritor mexicano Sergio Pitol, relativo a que en nuestro mundo todo ya está tan controlado y definido, que hasta para reír existen códigos preestablecidos. Uno tiene que reírse pero solo como respuesta a cierto tipo de tópicos, sean fílmicos, literarios, caricaturescos o televisivos. Hay comedias hollywoodenses creadas exprofeso para nuestro "esparcimiento" (como esa insufrible -al menos para mi- No te metas con Zohan ). En la tv mexicana, Televisa tenía -o tiene- establecida una barra de comedia, la hora pico creo que se llamaba, donde los chistes de pastelazo de antaño, vinieron a ser sustituidos por unos pastiches supinamente vulgares y estúpidos, casi siempre de connotación sexual; supuestamente explotando el doble sentido y el mexicanísimo albur; pero lejos, muy lejos, de la originalidad casi transgresora de las viejas comedias de carpa.

Es cierto. Qué difícil nos resulta reír. Ser felices sin motivo aparente y solo por causa de las pequeñas cosas de la vida, ha pasado a ser algo tan inusual que bien podría tener un cariz casi subversivo. Es eso, o aceptar que para reírnos, necesitamos presenciar situaciones ridículas; para soltar una carcajada necesitamos ver videos del tipo "las caídas más graciosas"; presenciar accidentes supuestamente cómicos de deportistas, niños, ancianos, etc., los cuales más bien resultan francamente patéticos. El ridículo rozando lo grotesco, es lo que produce gracia y carcajadas al por mayor. O al menos eso piensan quienes manejan los medios de comunicación masiva y quienes se dedican a fabricar películas de comedia, como quien produce comida chatarra en serie...

________
"—Nuestro mundo, éste por el que tú y yo deambulamos, no admite la alegría, a menos que la haya previamente codificado. Debes, ü faut, bisogna, you need mostrar júbilo, felicidad, exultación, pero siempre y cuando sea como respuesta a un factor creado exprofeso: el circo, los bufones, la comedia, los chistes, la mujer gorda que se cae al suelo, la farsa, el ridículo, lo grotesco, el sainete, la caricatura, el pastel estampado en una cara mofletuda, todo en la dosis conveniente; sí, sí, muy bien regulado, de manera que hasta los suizos puedan lograr su cotidiana dosis de júbilo. Pero ser feliz sin un motivo determinado, reírte sin motivo como la genial hiena del cuento, eso ya es otra cosa y no te lo perdona nadie. Inténtalo y verás; verás que de repente te has acercado al desafío, que irritas a los demás en una zona imprecisa, en un flanco no custodiado y por ello su desconfianza será mayor. Descubrirás que casi todo el mundo, aun quienes navegan con banderas de heterodoxia, en el fondo sólo aspiran a la sacralización." 

(Sergio Pitol, El tañido de la flauta. Editorial Anagrama, 1986. 217 páginas)

***


ilustración La alegría de vivir. Henri Matisse

mayo 21, 2009

la (h)escritora


Una mujer locamente enamorada de un hombre, es capaz de hacer cualquier cosa por él; hasta cocinarle y tender su cama, o regalarle una pluma de plata para que él escriba su primera novela. Y es que él, de nombre Manuel, al igual que Ella, busca convertirse en escritor. Y Ella, enamorada y obnubilada como está, no tendría empacho en sacrificar o posponer sus propios deseos creativos, en aras de las ambiciones de él. Una noche van a cenar y Ella feliz, saca el envoltorio que contiene la hermosa y costosa pluma que ha comprado para su amado Manuel. Pero éste, apenas le agradece casi sin mirarla, pues tiene la mente y la mirada puestas en otra parte. Cuando Ella, intrigada por su actitud, le pregunta qué le sucede... él responde que hay otra mujer y que no tiene la menor intención de dejarla. Entonces Ella [incipiente escritora que escribe su profesión con h, al igual que la palabra amor, pues piensa que tanto el arte de amar como el de escribir, son imperfectos y mientras no alcancen la anhelada perfección, los seguirá escribiendo con h.], la (h)escritora, al escuchar las frías palabras de su amado Manuel, siente como si todo se le removiera y apenas alcanza a levantarse de la mesa, tomar su bolso… y arrebatarle de las manos la hermosa pluma, antes de abandonar el restaurante. Está dolida, siente un nudo en la garganta y casi no puede contener la explosión de llanto que ya siente venir… pero la pluma le costó demasiado dinero y no va a dejársela a ese mal agradecido ¡!

Ahora, Ella la utilizará para empezar a escribir su propia historia...


"Te tacharé

No quiero que nadie lea estas líneas, no quiero que nadie sepa que te amé, que fui una estúpida por creer en ti. Quiero tacharte de mi vida.

Te odio, me has hecho tanto daño.

Quiero tachar todos mis recuerdos contigo, quiero tachar la noche que pasamos juntos, el viaje que hice contigo al infinito, todos los proyectos que tenía contigo, tu voz cálida, tus caricias interminables, el calor de tu cuerpo, tu aliento, tu amor.

Lo hubiera dejado todo por ti.

¿Por qué me has engañado? ¿Por qué me diste esperanzas? ¿Por qué me has hecho tanto daño? ¿Por qué no puedo tacharte de mi vida?

Ojalá todo fuera tan fácil como tachar estas líneas. Si la vida se escribiese con lápiz, todo sería más fácil, los recuerdos se podrían borrar.

Pero se escribe con tinta.

Y aunque intente tacharte de mi vida, permaneces ahí, tras una raya que es sólo un parche en la memoria.

Seguramente, podré rehacer mi vida, ni siquiera mereces mi sufrimiento.

Te odio. Te quiero. Te odio" **


**/La (h)escritora
, Cuca Canals. Plaza y Janés, Barcelona 1998. Pág. 100

mayo 18, 2009

nostalgia y desamparo

Dicen que Freud escribió alguna vez: "cuando la ciencia no tiene respuesta, pregúntale al poeta". Y la ciencia no tuvo respuestas; pero había buenos poetas. Cada vez quedan menos.

Y lo que el mundo necesita, hoy más que nunca, son más poetas y menos políticos nefastos. Pero se mueren los primeros y se reproducen -como hongos venenosos- los segundos. Por eso el mundo está cada vez más jodido. Cuánta razón tenías Mario, cuando dijiste que el mundo es esto: en su mejor momento una nostalgia, en su peor momento un desamparo y siempre siempre, un lío.

Hoy me siento un poquito desamparada; pero sobre todo, tremendamente nostálgica. Quizá no todo esté perdido y a tiempo logre medio entender lo que significa este lío de mundo en el que nos tocó vivir. Pero sin tí, el mundo se queda un poquito más triste y un muchito más jodido. Y ya casi no quedan poetas.


"No, no es que extrañe tanto el sol de tu mirada, ni es que me falte el tierno roce de tu piel; sencillamente es que me canso de hacer nada y entonces tiendo a recordar cosas de ayer. Más no se piense que vivir sin ti no puedo, hoy mi nostalgia tiene otra explicación; sencillamente es que me amaneció nublado y el cielo gris siempre me pone el corazón sentimental". S.V.


mayo 16, 2009

kaffeinando el hurto

Adicción, es adicción; droga es droga... pero también en esto, como todo en la vida, hay niveles y el café es la droga socialmente más admitida y celebrada; la más políticamente correcta y la de mayor consumo a nivel mundial. Según el libro de Mark Pendergrast El café: la historia de la semilla que cambió el mundo, la importancia del grano dentro de la economía mundial, junto con los acontecimientos sociales que ha acarreado consigo desde su descubrimiento, han sido de tal magnitud, que sin esta semilla... la historia del mundo sería muy diferente. No sé que tan cierto sea esto y tampoco me interesa disertar al respecto. La que si me gusta es la fantasiosa leyenda (que Pendergrast cita en las primeras páginas de su libro, en forma algo despectiva "el folclore local etíope dice que..."), según la cual el kaffé fue descubierto accidentalmente por un pastor etíope llamado Kaldi, quien al ver cómo sus cabras, después de masticar semillas del cafeto, se ponían tan felices que hasta bailaban... decidió hacer lo mismo y acabó bailando igual que ellas.

Nociva o no -en exceso todo es malo... hasta el amor, dicen-, la gracia del café está en la cafeína, por lo que un café descafeinado viene a ser como un amor light: descolorido, insípido y carente de aroma.

Ah, lo del hurto del título se debe a que este divertidísimo video cafeínico, me lo volé del blog de exenio . El clip ilustra una canción interpretada por el grupo humorístico francés Oldelaf & Monsieur D. y en verdad resulta hilarante; aunque, hay que decirlo, casi representa un atentado contra nosotros... los amantes del café...





°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°|

mayo 13, 2009

cine comestible

Cuando me inicié en la blogueada, lo que pretendía era -nunca mejor dicho- algo sumamente pretencioso: tener un blog donde hablara de placeres culinarios, literarios poéticos y amorosos. O sea, una paupérrima imitación de L'amour gourmand. Una jalada fuera de toda proporción y claro... en eso se quedó, en una mera pretensión. Pero eso no ha obstado para que el tema me siga interesando; la comida y el arte culinario siempre me han apasionado y por ahí he escrito uno (post La Ratatouille en mi otro blog) que otro post sobre el tema.

Y esta mañana, navegando por la red me encontré este video "Al dente"; una belleza. Algo me dice que está inspirado en el film de Pixar Ratatouille. En fin, como en México los miercoles son de cine al dos por uno (bueno, no exactamente al dos por uno, pero si más barato que el resto de la semana), este video es un adelanto o un pequeño consuelo, si no podemos ir al cine.
Y además, es encantador... para que no digan que me la vivo en el azote, je.

Buen día



Al dente

mayo 11, 2009

expiación

La prudencia indicaría no postear esto. No resulta nada elegante exhibirse de esta forma; por más que los blogueros seamos seres anónimos, la sola posibilidad de que alguien lea estas líneas, debería ser suficiente razón para desistir de subirlas a la red. No debería hacerlo… pero el debería, como el hubiera, es un tiempo verbal tan inexistente como inútil.

Sucede que ayer por la noche (con apagones de energía eléctrica incluidos), vi por tercera vez una película cuyo nombre es lo de menos; lo que importa es la reacción que desencadenó. La anécdota es mínima y es simple: anoche por primera vez en años, lloré a causa de una película cuya trama no es lacrimosa, ni melodramática; ni siquiera un poquito triste. Pero igual yo lloré. Y lo hice como la adolescente que ya no soy. No; más bien lloré como esas plañideras que se alquilan para llorar en los velorios, cuando las viudas no pueden llorar porque el dolor las paraliza... o porque no sienten ningún dolor, pero hay que mantener las tradiciones y alguien debe llorarle al muertito.

Así que mientras el film discurría y mientras la pareja protagónica se abrazaba bajo la lluvia, mientras se besaban hundiéndose en el concreto líquido o cuando ya ancianos, habitando su propio paraíso -o su propio infierno- se decían te amo y compartían dulces… yo lloraba como boba. Por fortuna estaba sola en mi cama, así que lloré sin el menor pudor copiosas lágrimas. Y fue una catarsis; casi una purificación; como si al llorar expiara mis propias historias pasadas de amores ridículos, como los llama Milan Kundera. Pero lejos de sentirme desolada o triste, fue todo lo contrario, me sentí libre y ligera; casi feliz.

Y al final, sonreí. Tenía razón George Sand:

"Dios pone el placer tan cerca del dolor que a veces lloramos de alegría."

mayo 09, 2009

amores breves, tontos y locos

Si yo tuviera la imaginación de Gabriel García Márquez y la visión mercadotécnica de los publicistas de ocasión, ya habría escrito un cuento llamado El amor en los tiempos de la influenza. Desafortunadamente no es mi caso, pese a que las historias de amor me gustan mucho -y ya lo he confesado soy de una cursilería suprema-; en especial, aquellas en las que los amantes batallan para encontrarse y realizar su sueño amoroso. Cursi y masoquista, debo ser; con lo bonitas que son las películas y la novelas de amor en las que todo corre como miel sobre hojuelas y el final es feliz... siempre feliz. Mis dos películas de amor favoritas son cuentos de hadas, pero distan mucho de ser las típicas historias de amor. Si bien la primera es considerada casi una obra maestra, la segunda fue maltratada por la critica... pero como yo tengo una innegable debilidad por los ángeles caídos y patitos feos, con ese maltrato tuvo para ganar puntos extras en mi ranking personal. La princesa y el guerrero y Juego de niños son dos modernos cuentos de hadas, en los que la realización amorosa encarna valor, desprendimiento y arrojo; una apuesta por la que vale la pena jugársela... Algo locas ambas películas; lo sé.

Pero en el amor fílmico y literario, no todo tiene que ser tragedia y sufrimiento; también existen las historias dulces e inocentes, vividas por seres alejados del cliché de los bonitos y perfectos a que nos tiene acostumbrados el cine. Me encontré esta pequeña historia de amor, protagonizada por un hombre algo patético; un romántico solitario que se vale de trucos infantiles para perseguir, literalmente, al que considera su amor ideal...

(está un poquito largo; dura como 7 minutos)

short love film

mayo 07, 2009

confesiones de perogrullo

Lo sé, es una perogrullada, carente por completo de originalidad, pero no por ello menos cierto: qué difícil no perder la ecuanimidad ni perderse uno mismo, cuando se vive a diario en un ambiente plagado de simulaciones y apatías. Dicen que el trabajo dignifica al hombre y no sé cuántas cosas más. Y es posible que así sea. Uno cree en lo que hace; realiza sus labores con empeño, sin reparar en horarios, climas o sentires personales. Pero de pronto, todo eso en lo que creía y en lo que ha dejado tiempo, esfuerzo y hasta sentimiento, deja de ser gratificante, para convertirse en una especie de fardo; una obligación que cada día cuesta más cumplir. Y sucede que mientras uno se debate consigo mismo y lucha por no estallar, no puede dejar de preguntarse cómo la hacen los demás para llevar también esa vida, para tener siempre ese aire inmutable; para no sentirse ni un poquito mal; para no cuestionar ni las instrucciones más absurdas y contradictorias.

Quizá esa sea la clave: no darse por enterado, cerrar ojos y oídos a lo que los rodea; concentrarse únicamente en las letras y números que aparecen en la pantalla de la computadora y no pensar en nada más. Vivir cada día de 9 a 19 hrs., sin cuestionar ni inmutarse por nada; dejando que el tiempo se consuma y que el viento y los vaivenes laborales le vayan conduciendo, sin oponer resistencia ni intentar preguntar el por qué del cambio de rumbos.



"Puede que esto de vivir
consista en disfrazarse de veleta y de girar
según qué viento

y de celebrar el triunfo
de las estrategias sobre la caducidad
del sentimiento"

[Luis Eduardo Aute El resto es humo]






fotograma del film Persépolis

mayo 05, 2009

un pájaro rebelde

Ajena a guerras, crisis económicas, epidemias virales, histerias colectivas, manipulaciones mediáticas, miedos inducidos, mentiras y videos... En algún lugar del hemisferio norte, esta alondra reposa sobre un alambre, mientras mira otro vuelo a lo lejos; quizá pensando en el momento de desplegar sus alas y salir de ahí. Ojalá pudiéramos ser -por lo menos en ciertos momentos- como esa alondra, para posarnos sobre todo y abstraernos de tanta estupidez. Emprender el vuelo. irnos a otros sitios justo en el momento necesario, sin temor o pena por lo que dejamos atrás.

Las alondras y los pájaros en general, son como el amor. O más bien, para decirlo como Goerges Bizet, el amor es como un pájaro rebelde: se posa sobre nosotros, sin importarle que sea o no el momento indicado. Y también, como el ave, es rebelde y así de pronto, casi sin darnos cuenta, suele emprender el vuelo sorpresivamente...


"El amor es un pájaro rebelde
que nadie puede atrapar,
y se le llama en vano,
si prefiere ignorarnos.
Nada ayuda, amenaza o ruego,
uno habla, otro se calla:
Y es al otro al que prefiero,
no ha dicho nada pero me gusta.
¡El amor! el amor! el amor! el amor!"

"L'amour est un oiseau rebelle
que nul ne peut apprivoiser,
et c'est bien en vain qu'on l'appelle,
s'il lui convient de refuser.
Rien n'y fait, menace ou prière,
l'un parle bien, l'autre se tait:
Et c'est l'autre que je préfère,
Il n'a rien dit mais il me plaît.
L'amour! l'amour! l'amour! l'amour!"
[L'amour est un oiseau rebelle, Georges Bizet. Aria de la Ópera Carmen]



mayo 03, 2009

vámonos lejos

La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua
[Gustave Flaubert]


Para sobrevivir a estos tiempos no muy gratos, mi amigo Marco propone apagar tv, cerrar periódicos; poner oídos sordos a las necedades y a la repetitiva estupidez mediática. Estoy completamente de acuerdo y creo la mayoría de los mexicanos pensamos igual; aunque no podemos negar la existencia de algunos estoicos dispuestos a soportar los noticieros de tv [de mi parte, debo confesar que estoy a punto de seguir una de las máximas más sublimes de ese prohombre llamado Vicente Fox Quesada -, quien en un momento de supina iluminación nos aconsejó dejar de leer el periódico y así evitar sufrimientos, malos pensamientos y amarguras]. Pero la propuesta de Marco no se queda en la mera evasión informativa, algo que casi todos hemos pensado más de una vez. Lo verdaderamente interesante es la parte donde invita a revivir El decamerón - ; emprender un largo viaje de huida e instalarse en algún sitio idílico; alejado del mundanal ruido, provisto con las mejores comodidades y los placeres más exquisitos... y en las mejores compañías (buuueno, lo de los placeres exquisitos se lo agregué yo; Marco es demasiado correcto para decir eso).

Siete mujeres y tres hombres conviviendo durante días y noches... -¿diez días, semanas o meses? no lo aclaramos-, sin nada más que hacer que pasar el tiempo, contar historias y dar rienda suelta a la creatividad. Quizá sería más interesante, como mera experiencia formativa aclaro, vivir esas historias contadas. La sugerencia de Marco es más que incitante y para él , imaginó que está perfecto revivir el Decamerón -no es reclamo querido- tal como lo concibió Bocaccio. Pero me parece, y no es un repentino arranque de feminismo recalcitrante -algo que me inspira profunda fiaca-, sino mero pragmatismo, que haría falta un cambio en el número de integrantes por sexo. Está bien que nadie está proponiendo vivir en una especie de orgía perpetua; pero un poco de equilibrio le inyectaría mayor variedad al asunto. Sucede que, normalmente, las mujeres somos más proclives a contar historias rosas, cuentos de hadas con finales felices... y diez días -suponiendo que solo sean días- oyendo cuentos de ese estilo [en principio 70 historias contadas por mujeres, contra 30 platicadas por hombres], suena ligeramente aburrido. Pienso que la mente masculina es capaz de contar cosas menos empalagosas y mucho más concupiscentes. No digo que las mujeres no las imaginemos, pero por alguna inexplicable razón tendemos más a la autocensura o somos más púdicas, para andarlas contando delante de los demás, en vivo y a todo color... apenas nos atrevemos a contarlas en un blog.

Hasta ahora esto se ha quedado en mera propuesta, una elucubración útil para ocupar la mente en otros temas y mientras ese estatus no cambie... ¿qué tal un extracto del filme Il Decamerone de Pasolini y un poema ad hoc para este escape hedonista



"¡Hoy el espacio es fabuloso!
Sin freno, espuelas o brida,
Partamos a lomos del vino
¡A un cielo divino y mágico!

Cual dos torturados ángeles
Por calentura implacable,
En el cristal matutino
Sigamos el espejismo.

Meciéndonos sobre el ala
De la inteligente tromba
En un delirio común,

Hermana, que nadas próxima,
Huiremos sin descanso
Al paraíso de mis sueños."

[Charles Baudelaire El vino de los amantes]








imagen John William Watherhouse A tale from decamerone

mayo 01, 2009

lanzar piedritas al río

Mi avatar no es gratuito. Pero durante mucho tiempo me sentía rara por gustar de un filme como Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, Tan distinto, casi opuesto, a mis preferencias cinematográficas habituales. Así que guardé ese gustito muy en secreto, confinándolo en el baúl donde escondo mis placeres culposos. Solo hasta que lo vi por segunda o tercera vez, reparé en por qué me gustaba tanto esa escena donde Amélie, embargada por un sentimiento de melancolía, va hasta el canal de San Martín y lanza piedritas, mientras va dejándose llevar por la contemplación del pequeño oleaje que su hundimiento produce y con el cual la melancolía va disipándose. Al verla, me acordé de la costumbre de mi pueblo, consistente en llevar a los niños enfermos de tiricia... a lanzar pequeñas flores al río, con la esperanza que al ser arrastradas por la corriente del agua, las florecitas se lleven consigo esa inexplicable melancolía infantil. Mi abuela me contaba que en más de una ocasión, me llevó a lanzar florecitas rojas al pequeño río que corría tras la casa. Mirando atrás, supongo que ese ritual pueblerino surtió efecto, pues tuve una niñez feliz aún cuando no fue como la de los demás niños, ya que crecí lejos de mis padres y mis hermanos; y por lo mismo -cuando en las vacaciones escolares iba a casa de mis padres-, llegué a sentirme como una extranjera dentro de mi propia familia.

Hoy mientras escribo esto, no es que sea presa de la tiricia -bueno, quizá un poco: Estoy confinada en casa y aunque no soy de las que extraña el caos vial ni las aglomeraciones, la tensa calma que se respira no es como para gritar de felicidad. Sin embargo, lejos estoy de ponerme a listar las cosas que deseo hacer antes de que llegue el fin del mundo (algo que ahora está muy de moda entre los blogueros mexicanos). Quizá porque, insensata como soy, me niego a creer que una epidemia de influenza humana nos llevará al fin del mundo. O quizá, al ser demasiadas las cosas que quiero hacer antes de morir, no me place escribirlas como si se tratara de mi testamento. Pero algo de melancolía habrá, que me acordé de una película rusa llamada Cartas de un hombre muerto; donde un científico sobreviviente a la hecatombe nuclear y encerrado en un refugio junto a unos niños, escribe exorcizantes cartas a su hijo muerto. Lo interesante del filme -amén de exhibir la arrogancia y supina estupidez humana- es que pese a la desolación que lo invade (no sabría decir qué fue primero, si el filme o la explosión de Chernóbyl), tiene un final esperanzador: el científico abandona el refugio llevándose a los niños, a quienes dice algo así:

"Recuerden. El mundo no ha muerto... Váyanse y caminen hasta que se les agoten las fuerzas. Porque el hombre que camina siempre tiene esperanza"

De mi listado de cosas que desearía hacer antes de que llegue el fin del mundo, me encargaré después. Pero como me gusta caminar y mucho, me dispongo a seguir haciéndolo... aun en el encierro. Y al igual que Amélie Poulain, voy a lanzar pequeñas piedritas al Canal, o a tirar florecitas rojas como lo hacía a los tres años. Sin importar que el Canal de San Martin esté tan lejos como el río de mi infancia y que de momento, no tenga a la mano piedritas ni de flores rojas... es que fue día del trabajo y las vendedoras no salieron a ofrecer sus floridas mercancías...


***************************************************************************