Leí este libro cuando tenía 13 años, alguien me lo regaló. Nunca más volví a él durante la adolescencia; fue hasta la edad adulta, en los momentos de tristeza, depresión e impotencia cuando me he reencontrado con esta entrañable y sencilla historia. No comulgo con los llamados libros de auto-ayuda y sin embargo, en la relación de El Principito y el zorro, he encontrado más de una lección esencial y más de una coincidencia, también. Como él pequeño héroe de Saint-Exupery, yo añoro las puestas del sol, esas que solía disfrutar en mi infancia allá en el Pacífico guerrerense.El principito.- (fragmento)
El zorro
-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol -Tendremos que esperar -¿Esperar qué? -Que el sol se ponga. Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
-Siempre me creo que estoy en mi tierra.
En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas. -¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces! Y un poco más tarde añadiste:
-¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.
-El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad? Y principito no respondió.
(…)Para mi no eres todavía más que en muchachito semejante a 100.000 muchachitos. Y no te necesito, y tu tampoco me necesitas, no soy para ti más que un zorro semejante a 100.000 zorros, pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro, serás para mí único en el mundo, seré para ti único en el mundo. Si me domesticas, mi vida se llenará de sol, conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos los otros…tus ruidos me llamarán fuera de la madriguera, como una música."
Antoine de Saint-Exupery







