julio 24, 2009

Paradigma miasmático


"He oído hablar de otra opinión, según la cual al sujeto presuntamente enfermo podía hacérselo respirar en un vaso; la condensación del aliento permitiría distinguir al microscopio las criaturas vivas de las formas extrañas, monstruosas, horribles, tales como dragones, serpientes o demonios espeluznantes. Pero tengo mis dudas sobre la veracidad de este medio, pues por aquella época carecíamos de microscopio para llevar a cabo la experiencia, al menos por lo que recuerdo."

Diario del año de la Peste. Daniel Defoe.1722.


El carnaval veneciano. Entre la bacanal desenfrenada auspiciada por multitud de máscaras -cuyo reconocimiento debemos en gran medida a las réplicas chinas de 10 pesos- un cuervo antropomorfo nos observa con la misma avidez y expresión de gaviota trastornada examinando la última almeja de la playa –lapsus-; reminiscencia burlesca de un atavío con fundamento histórico: Il medico della Peste.

Desde las obras hipocráticas –especialmente el Tratado de los Aires, Aguas y lugares así como Las Epidemias- se establecía ya la relación entre las enfermedades y su entorno físico; el aire “viciado” tenía muy mala influencia en los humores de las personas: bastaba sólo un átomo –no olvidemos a Demócrito- para contaminar todo el ambiente, de forma análoga a la gota de tinta que se disolvía en la tinaja con agua. La teoría miasmática prevaleció prácticamente hasta finales del siglo XIX, cediendo el paso a la microbiología y epidemiología; el surgimiento de la salud pública.

Pero nos encontramos en la Europa del siglo XVI, con la muerte negra en pleno apogeo… conoceremos al antecesor del equipo de protección individual contra riesgos biológicos: el atuendo del médico de la peste (el cual, si bien bajo premisas ideológicas distintas –“mala aria”* Vs. microbios- tenía idéntica finalidad a la actual).
* Significado literal mal aire, en italiano (sí, se creía que también el paludismo –por los pantanos- “malaria” era por ídem.

Sombrero de ala ancha, en cuero negro. Protegía de los “átomos dañinos” de la pestilentia.

Máscara de cuero con forma de cabeza de ave*: su pico –generalmente metálico- se rellenaba con hierbas aromáticas como filtro –micro y macro- ante las “efluvios malignos” procedentes de agua estancada, marismas, volcanes y de los propios enfermos. Completaba la apariencia de cuervo tipo Poe con unos lentes fabricados con vidrio coloreado de rojo: una barrera casi infranqueable para expectoraciones hemáticas, exudados purulentos y –por si fuese poco- para el mal (en sentido metafísico) que pululaba en aire (hablando de Edgar Allan, su Máscara de la muerte Roja es la versión gótica americana de la peste; la versión italiana puede degustarse narrada por Bocaccio en la introducción a la primera jornada del Decamerón).
*¿Por qué un pájaro? ¿A alguien se le hace familiar la superstición acerca de las estrigiformes –búhos, lechuzas, mochuelos, etc.- como aves de mal agüero y la costumbre de clavarlos en la puerta de las casas para rechazar dicho maleficio? ¿O aquélla de utilizar un dije con forma de ojo para “el mal de ojo”? Bien, se creía que las aves –especialmente de color negro- eran emisarios del diablo (como los gatos, los judíos, las mujeres…) y por tanto una –de las tantas- causas de la peste negra: y nada mejor que un “contrapájaro-negro-malvado” para combatirla.

Traje de lino cubierto con una capa de cera como “antiadherente”. Cubría prácticamente todo el cuerpo, con el fin de que las partículas del aire malsano “resbalaran” hacia la tierra, donde se absorbían.

Guantes de cuero. Para evitar el contacto directo con la piel, los bubones y todas las secreciones imaginables.

Vara con incienso –generalmente pintada de rojo- en la diestra mano (la siniestra es del diablo, ya saben). Tenía dos funciones: encendida, sus vapores despejaban el camino de emisiones venenosas; apagada, servía para manipular al paciente y los objetos que estuviesen en contacto con él (esto incluía la verificación de la movilidad o reacción verbal del paciente postrado, con el fin de dilucidar qué acciones corresponderían -drenar los bubones o llamar al sacerdote-). Existe un tercer uso, que podía realizarse tanto como en la variedad rojo ardiente como negro carbonizado: ahuyentar al propio paciente, a sus familiares o cualquier ente demasiado entusiasta que invadiese el espacio de seguridad del galeno (aunque con semejante atuendo de pájaro apocalíptico dudo que algún curioso se acercara).

Para finalizar…botas de cuero. ¡Animación garantizada para su velada sado-masoquista! Ofrecemos servicios en… Oh, lo siento, tuve un lapsus.

Las quimeras diminutas de Defoe -actualmente con el mote de virus, bacterias, et al- continúan su saga de los mejores asesinos en serie… incluso algunos utilizan máscaras que no envidiarían nada a las del carnaval de Venecia (como la Giardia lamblia).

¡Amiguito! Encuentra las diez diferencias entre las dos imágenes ¡y gánate un puesto de secretario de salud! (Vale, se reciben jitomates por los chistes pésimos)


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“Basta ver una enfermedad cualquiera como un misterio, y temerla intensamente, para que se vuelva moralmente, si no literalmente, contagiosa” Susan Sontag. El sida y sus metáforas

julio 23, 2009

se mira mal no ser cool

Ayer leía que a nivel mundial, una de cada 500 personas padece autismo [según el Dr. Escotto Morett de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM]. El investigador universitario continuaba diciendo que este padecimiento se observa con mayor incidencia en hombres que en mujeres: por cada cinco niños autistas, tres niñas lo son. Un tema cien por ciento médico, cosa seria y que como tal debe ser abordado. No obstante, me voy a permitir la libertad de establecer una especie de metáfora en torno al autismo social, partiendo de una de las definiciones médicas más sencillas:

"[el autismo es] un desorden del desarrollo de las funciones del cerebro, que limitan al individuo que lo sufre en su interacción social, no respondiendo a las emociones de otras personas y pareciendo estar ajenos de los sentimientos de otros hacia ellos y del impacto que su comportamiento tiene en otros individuos "

Tal pareciera que en la actualidad los medios de comunicación y el propio entorno social se empecinan en inducir el autismo social; convirtiéndonos en una especie de muñequitos a control remoto, incapaces de accionar por sí mismos y que sólo se desplacen por la línea indicada. ¿Los han visto? Si el monito empieza a trastabillar o a desplazarse en zigzagueos, inmediatamente es removido o se le cambia la pila o le que proceda con tal de que vuelva encauzar su rumbo; nada de andarse saliendo del camino indicado.


Y qué tal con esas idílicas muñecas tipo bebé, que ríen o lloran lagrimitas falsas ¿no son una monada? Sobre todo porque sólo lo hacen... cuando se les oprime el botoncito. Nada de andarse exhibiendo como chillonas o risueñas a todas horas (con los feas que nos vemos cuando lloramos; con lo poco elegante que es reír a carcajada batiente). Reír o llorar únicamente cuando se ordene… o induzca… para que no se escuche tan feo. Y la mayor ventaja de estos idealizados monitos y muñecas sociales, es que no piensan por sí mismos; no hablan y si lo hacen, únicamente repiten las frases grabadas en sus "discos duros" (o inducidas desde el nuevo Ministerio de Educación: la televisión). Seres uniformados y alienados, que no creen problemas (así como la izquierda inteligente por la que tanto gimotean nuestras preclaras derecha y ultraderecha nacionales; sorry por la digresión pero no pude evitarla)


Prohibido sentir; prohibido emocionarse. Hubo un tiempo en que se podía llorar, berrear penas, soledades, desamores, desolaciones, injusticias y rabias acumuladas… y nadie lo miraba en mal. Nadie fruncía el seño ante las mujeres que iban por la vida enarbolando sus emociones y blandiendo la espada de sus sentimientos, antes que pretender ocultarlos o simular fortalezas que para el caso de los males de amor… no sirven de gran cosa. El desamor y abandono del ser amado, se purgaban; se vivía el duelo y luego ya entraba en escena la tan renombrada "fortaleza femenina".


Y uno se conmovía genuinamente; podía estar equivocado sin duda; pero nadie le decía ante qué hechos debía hacerlo; menos que alguien pretendiera distraerlo de las varaderas tragedias, mediante las sensiblerías baratas inductivas de lacrimogenerías de ocasión que atestiguamos hoy. Uno se conmueve y hasta llora porque un cantante gringo se murió… pero es incapaz de mirar la tristeza reflejada en los ojos de ese chico que a diario se sienta a su lado en el autobús.


Qué ridículo es ese de andar queriendo ver reflejos de nuestros propios desamparos… en los desamparos de otros? Esas sólo son cursilerías, afanes de soberbia mesiánica... y una imperdonable pérdida de tiempo, que además nos distrae de verdaderamente importante y por si fuera poco nos aleja de lo que debiera ser nuestro máximo anhelo para estar in: ser cool… y es que no serlo… se mira mal.


julio 20, 2009

Un domingo chilango


Al final llegué a la conclusión de siempre,
que Borges era Dios,
pero eso ya lo sabía y no me resolvía nada.
Aforismo kaffeinado.

Extraño la Ciudad de México. Especialmente durante sus frías mañanas: vivir en Cuautla y Cuernavaca me ha hecho apreciar la bendición de despertar en temperaturas por debajo de los 20º C. Aquí en Morelos los ventiladores son análogos al esposo: funcionales, no cumplen los cánones de lo estéticamente bello, te despiertas con ellos, te duermes con ellos, e intentas mantener el número que te sea posible para que te mantengas cómoda (las mujeres con aire acondicionado son otro mundo).

El clima delicioso, las múltiples campanas llamando al Santo Oficio, la relativa escasez de personas en mi amado centro histórico –lo que lo llena de una belleza inefable-, la caminata entre fachadas increíbles –un vicio mientras viví allí- se conjugaron con unos bisquets y un café con leche. Mañana dedicada a estimular mi punto G retiniano, a desplazar la endolinfa de mi cóclea en oleadas plácidas y hacer trabajar como esclavo a mi páncreas e hígado, con una pausa espiritual en plena calle, sin necesidad de la catedral; algo que aprendí de mi bisabuela –la mujer con más congratulaciones católicas que haya visto- y que originó mi primer disputa teológica con la catequista a los 8 años: ¿Si Dios está en todas partes, por qué la gente sólo se porta bien y reza en la iglesia? ¿Qué es fornicar? Si Dios perdona a los pecadores, ¿por qué hay infierno? Así fue como inicié mi curso autodidacta del catecismo.

Debo agradecer que haya nacido cuando mi madre ya era profesora, y que haya crecido mientras ella cursaba la licenciatura en pedagogía en la UPN: la bibliotecaria me leía las tiras de Mafalda, mamá me acarreaba todos los ejemplares de la revista Chispa que encontraba y me introducía a cuanto museo existía en nuestro camino. Recordé todo esto mientras observaba a esos entes ininteligibles, que manejan tecnología avanzada y poco les falta para tener piel verde y ojos negro profundis: los niños actuales -que seguramente merecerían tener su apartado en una vitrina, mas no en el Museo de Arte Popular-. Mientras la arcaica de mí tenía un orgasmo en cascada ante las representaciones de artesanos procedentes de paraísos surrealistas como Michoacán, Oaxaca y Chiapas –que tengo la fortuna de haber visto en toda su magnífica y caleidoscópica expresión- con el olor del café recién molido flotando en el aire, saturando mis receptores de dopamina y serotonina, tenía que venir el anticlímax: los múltiples niños con chip integrado que agujereaban mi corteza frontal: ¡Papá, esto es una basura! ¡Mamá! ¿Ya nos vamos? ¡Ya me aburrí! ¡Mamá, dijiste que aquí sería divertido! ¡Papá, te odio! ¡Dame mi iPod! Hijo, ¿qué es lo que más te gusta de aquí? Nada. Mamá me miró: su radar captaba ondas paidofóbicas.

Subirse al Tren de la Historia con un profesor de la ídem rojillo es lo máximo: te hace ver al profundo ignorante que eres si sólo viviste con la realidad de tu libro de texto de Historia de quinta (mis respetos a los libros de texto gratuito -especialmente los de Español Lecturas- que hacían mérito al legado de Vasconcelos –con textos de Cortázar, Paz, Nervo, Pellicer, Gabriela Mistral, Rosario Castellanos, Nezahualcóyotl-) si la SEP tiene otro grandioso proyecto educativo (–como aquel del 2004 de eliminar la parte anterior al siglo XV en la Historia de México y Universal-) los de Español lecturas incluirán a Coelho, Doris Lessing y a Stephenie Meyer para las próximas ediciones. ¡Faltan Juárez, los Serdán, Zapata! ¡Ensalzan al imperio! ¡Malditos burgueses! Tranquilo, carnal, la exposición va por temporadas, termina hasta el 2010, nadie está conspirando contra la revolución. Estimular mis bastoncillos y conos con las múltiples técnicas expuestas en los vagones fue increíble. Empero, fue lo plasmado con la sencillez del barro moldeado, sin pintar, lo que estimuló mi sistema simpático ¡huye o pelea!, erizándome los anexos pilosos del antebrazo: los revolucionarios ahorcados o colgados de los testículos, los cuervos expectantes, mientras las mujeres lloran a sus pies ¿conocido? Sí. San Salvador Atenco, el movimiento magisterial de Oaxaca, las guerrillas en Guerrero ¿Pleonasmo político? Vale, carnalito, que el 2010 sea descendiente de 1810 y 1910.

Siguiendo en la línea de la motafísica, con un expresso macchiato y la presentación de Magia Huichol, no tuve que completar el ritual mascando peyote para irme al mundo de los fractales… el viaje mental continuó en forma hardcore tras la ¿comida? en el Café de Tacuba.

Siempre he creído que la comida y el sexo no deben ser saciados como puras necesidades orgánicas, salvo cuando está en juego la supervivencia o la cordura. Desde pequeña -edad, porque el tamaño fue drásticamente disminuido por la menarca temprana- he sentido fascinación por el estilo virreinal, desde lo arquitectónico hasta lo humanístico. En lo personal, Sor Juana Inés de la Cruz satisface mis tres pecados básicos: lujuria, gula y ¿cuál es el tercero?

El Café de Tacuba. Fundado en 1912, su café data de esa época, de otro modo no me explico el sabor que tiene una bebida que debe ser elíxir. Le supliqué al Dios de Hieronymus Bosch que cuando menos estuviese libre el lugar frente al cual puedo visualizar mis bacanales monásticas mentales, y respondió a mis plegarias: allí, entre el mural del chocolate y la mala copia del óleo de Cabrera de la Décima musa. El lugar tiene un barroquismo que ciertamente me atrae, pero la comida tiene un estilo de dicotomía Shakespeareano: es una tragedia o una comedia; o como dice mi hermanito “Ma, ¿qué diablos te hizo pensar que un restaurante para gringos iba a tener comida mexicana buena?”

Ya que mis papilas gustativas estaban de luto, me dediqué a mirar a las meseras con ese uniforme blanco, que, sin gran inversión imaginativa, semejan enfermeras del siglo XIX. Genial; mis dos parafilias, monjas y enfermeras: Mi mente divagó entre las monjas benedictinas de la abadía de Viboldone restaurando el Codex Atlanticus, la llama vigilante de la lámpara de Florence Nightingale… listo el tablero para el juego de las ménades: Mi amada Sor Juana -con voz de Rita Guerrero- el romance II, un capuchimoka del jarocho… ay, esto tendrá que finalizar en casa.

julio 19, 2009

al final de la escapada

En mayo de este año se cumplieron 50 años de la exhibición -dentro del Festival de Cannes- del film Los cuatrocientos golpes [Les quatre cents coups (1959], del cual habría de emerger un personaje que simboliza el inconformismo juvenil, la desazón ante la soledad y la falta de comprensión/amor familiar, pero sobre todo... de la búsqueda de la libertad como salida al desamparo: Antoine Doinel, alter ego de su director François Truffaut. Creo que no exagero al decir que Antoine Doinel es uno de los personajes -niño/adolescente- más emblemáticos de la historia del cine, habiendo influenciado a muchos otros delineados en el cine posterior a 1959 [hace unas semanas veía un programa de tv estadounidense, en donde uno de los personajes es un adolescente -hijo de un pintor que lo ignora por completo- que hace sus pininos en la pintura y decide hacerse un autorretrato, en el cual se plasma con la misma mirada de abandono -y tras una malla/reja- mostrada por Antoine Doinel en una de las escenas más conmovedoras del film]


Jean-Pierre Léaud como Antoine Doinel

Sin necesidad de regodearse en la explotación melodramática y lacrimógena, el film de Truffaut es conmovedor y crítico; en él hay una mirada muy dura hacia el sistema educativo tradicional, al sistema punitivo, a la hipocresía y doble moral social. En
Los cuatrocientos golpes, Antoine Doinel sintetiza en su joven vida a todas las victimas de un terrible mal: la exclusión (con su par, la reclusión) ejercida por el Estado y la sociedad con fines “disciplinarios”. Se excluye al que piensa diferente, al niño, al rebelde, al “loco”, al que no se ama. Los excluidos son encerrados en las escuelas, en los reformatorios, en las academias militares, en los hospitales, en las prisiones. El film es un reflejo de la vida y como decía el propio Truffaut, a veces es más fácil entender la vida a través de sus reflejos; si algo supo hacer el joven actor (13 años) Jean-Pierre Léaud fue reflejar la vehemencia, sensibilidad e impotencia vividos por Antoine.



Dice un amigo critico de cine que muchos de nosotros nos hemos sentido, por lo menos alguna vez en nuestra vida, medio parientes de Antoine Doinel. Primos lejanos de ese niño/adolescente rebelde e irreverente, quien orillado por las circunstancias, rompe las normas de convivencia familiar, social y escolar establecidas, hasta dar
los cuatrocientos golpes -expresión francesa que alude a la comisión de todas las faltas posibles- y termina por ser encerrado en un reformatorio juvenil, sin que su madre intente, ya no se diga mover un dedo para ayudarlo, sino siquiera a mostrar un poco de amor y comprensión por el chico...

... pero Antoine huye, corre por su vida, corre tras la libertad, va en pos de su sencillo sueño: conocer el mar. Ese mar que simboliza el final de la escapada y el principio de la incertidumbre
. Cuando Antoine Doinel llega finalmente a su anhelado mar y su mirada se vuelve hacia la cámara -algo hasta entonces inusual en el cine- quienes lo vemos -todos los Antoines Doinels del mundo, diría mi amigo- queremos creer que ante él se ha abierto un horizonte, aunque incierto, menos gris y desconsolado... eso queremos creer.


"Te preguntaste si en el mar habría
una salida neta del silencio
que rezuma el ser uno entre los hombres.

Te quisiste matar por un segundo,
y comprendiste al fin
que hay un abrazo tuyo
pendiente de entregar
y otro que espera
a sopesar tu escuálido volumen.

Pues claro que la vida te interesa,
¿a qué si no esta huida de lo inhóspito?"

© Luis Felipe Comendador (La Fuga de Antoine Doinel, fragmento)



NOTA: Al final de la escapada es uno de los títulos dados en español a otro filme francés, éste de Jean Luc Godard, À bout de souffle (1960), conocido en México como Sin aliento.

julio 14, 2009

El hombre es animal de soledades

Ayúdame a olvidar nuestra hermosa soledad
de animales en celo
si tú me ayudas
te prometo no salir a buscarte en los espejos
o en el fondo de la taza de té.

Thelma Nava



En mi espacio la luz no parpadea, el tiempo se vacía de minutos, se ha detenido un pájaro en el aire. Octaviano. Octavas. María Malibrán llegaba a las 3. Cecilia Bartoli a las 2. Las horas del cielo. (Y las voces que todo esquizofrénico melómano debe poseer).


Habrá que levantar el cráneo lleno de palabras, dando un concierto de despedida en las venas, a lo Nora Carrillo: quizá en la sangre resuenen adagios y arpegios, que le brindarán la bienvenida al MP. Hay que seguir la dietética a lo Girondo, ingiriendo distancia, lanudos nubarrones (al fin que el vapor de agua y los kilómetros no tienen calorías). Habrá que impermeabilizar la corteza cerebral, para que las ideas resbalen, moribundas, a lo Coddou (los políticos vienen con cubierta de silicón de fábrica).


¿Cuáles son los engranajes de La lenta máquina del desamor de Cortázar?


Ah, en el Destino de Rosario no bastaban los elementos para dos. Al igual que ella, me inclino en el espejo y no veo a nadie; el de Borges es irreversible y de hierro. Hierro. (Tantos mexicanos con anemia ferropénica).


A la mañana siguiente Cesare Pavese no pidió el desayuno; aquí tampoco hay nadie a quién llamar, hay que tragarse las pastillitas y esperar la llegada de Morfeo –o de Tánatos, dependiendo de los designios arcanos- para auto-anunciarse la única certeza adquirida: que jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel. José Luis Panero. Pan. (Santo olor de la panadería. Una de las pocas cosas que extrañaría de este mundo).


¿Por qué no habrían de rabiar los viejos, si una muchacha que supo todo Dante de memoria vivió para parir hijos a un necio? (Ay, mi amado Yeats, y eso que no le tocó el mundo surrealista mexicano).


Ojalá que la noche no se olvide de nadie –y menos del tiro de gracia de Mayakovsky mientras la memoria recorre en la sala del cerebro las filas inagotables de los amados (nadie en las primeras filas, todos en una bacanal romana en las últimas).


¿Fumado? ¿Raro? Raro es –según Ruiz Trujillo- por ejemplo, soñar el dolor/en el sueño abrir una herida de la que broten pájaros/con alas necesarias como el agua. Agua. Tierra. (El árbol del pan del jardín, con sus múltiples nidos de tórtolas y gorriones –ése que mi madre creía que daría toronjas-).


Vale, no vuelvo a tomar un litro de expresso en un buen rato, y continuaré mi medicación neuroléptica.



¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?

Gloria Fuentes.

julio 13, 2009

gomorra...

A la gran mayoría de las personas, no les gusta ver o saber del horror. Y no me refiero al cine gore, precisamente; sino al horror cotidiano. A qué fin, se preguntan, si la vida ya es lo suficientemente triste, voy a perder mi tiempo enterándome de cosas feas. Quizá tengan razón; mejor cerrar los ojos o voltear la cara, antes que dar de lleno con la cruda realidad. Hace unas semanas, escribí un post sobre el libro Gomorra de Roberto Saviano; no era una reseña del libro, sólo algunos apuntes surgidos tras el impacto producido por su lectura. La gomorra nostra lo titulé, pues consideré que el Golfo de Nápoles es como un espejo en el cual los mexicanos encontramos más de un reflejo. Y sucedió que no pocos de los comentarios recibidos, convergían en un punto más o menos similar: "y yo para que quiero saber nada sobre cosas feas que pasan en otras partes" Tienen razón, para qué hablar de fealdad habiendo cosas tan bellas en la vida... como Italia, por ejemplo. Uno mira ese país, su rico pasado o su pujante contemporaneidad y casi quiere hacer un reclamo a la naturaleza y a los Dioses, por haber dotado a esas tierras con tanta belleza y arte. En ese sentido, hablar de La Bella Italia y de fealdad al mismo tiempo, pareciera una contradicción. Pero no lo es y ahí esta la camorra napolitana para darnos la razón. Si bien Gomorra el filme, no refleja ni remotamente la totalidad de horrores retratados por Roberto Saviano en su libro (sería imposible condensar en 137 min., la cantidad de sucesos y detalles contenidos en la impactante investigación documental del joven escritor napolitano), con lo puesto en imágenes, basta para hacerse una idea de hasta dónde ha penetrado el poder de la camorra napolitana.

En el filme convergen cinco pequeñas historias entrelazadas por los tentáculos de la camorra, acorde a sus diversas áreas de operación. Vemos a un niño de no más de 12 años -Totó-, quien funge como aprendiz de puchador (el que transporta y hace pequeñas entregas de droga); a un par de adolescentes con pocos alcances intelectuales, cuyo sueño es ser Tony Montana (Scarface) y desbancar a los capos colombianos de Miami; un pagador de la mafia; un talentoso couturier (Pascuale), capaz de confeccionar atuendos... a imagen y semejanza de los modelos creados por los grandes diseñadores; y a un hombre especializado en disposición ilegal de desechos tóxicos. Está claro que el filme no pretende ser una guía turística, ni un video para incentivar el turismo en Italia, ahora que andamos en recesión mundial. No; si algo queda de manifiesto, es que ni los guionistas ni su director, tienen una postura complaciente. No hay una sola imagen que avale la mítica belleza italiana; tampoco, un hombre o una mujer que haga justicia a la fama de bellos y bellas que tienen los italianos. Aquí todo es gris, sucio y desolado. Hay hombres y mujeres pobres y carentes de esperanza, quienes viven atrapados en un mar de corrupción, violencia e intimidación; cercados por los extendidos poderes de la mafia napolitana, la cual ha invadido todos los aspectos de la vida social y económica del lugar. No parece haber sector de la economía, la industria y hasta el arte, que no haya sido tocado por la camorra. Y si no puede controlar o conseguir lo que desea, la camorra se encamorra y entonces sí, no hay poder humano que salve al pobre que se haya atrevido a desafiarlos.

Italia con tanta luz, con ese mar Tirreno tan azul, con esa alegría de vivir que parecieran tener sus habitantes... esa Italia es inexistente en Gomorra. La comunidad italiana retratada aquí no parece conocer ni la alegría de vivir, ni las ilusiones. Los gánsteres de Gomorra, no tienen nada que ver con los creados por Hollywood. Curiosamente, en un filme producido en la tierra de Armani, sus protagonistas no visten con prendas del diseñador; tampoco lucen apuestos, ni son bonachones. Y pese a vivir tan cerca del Vaticano, nadie compra absoluciones papales por 100 millones de dólares. Todo es desnudez; es el horror al desnudo, desprovisto de atenuantes y retratado con absoluta frialdad (la historia de Totó resulta especialmente impactante; ese niño ejemplifica el no-futuro: si alguien a los 12 años transporta droga y es capaz de "vender" a su vecina con tal de salvar su pellejo, significa que el futuro está cancelado). Dicen que en Brasil, en las pobrísimas favelas de Río, los niños sueñan con escapar de su destino... jugando al futbol; pues en el Nápoles de Gomorra, los niños y adolescentes sueñan con escapar de su medio... siendo criminales. Es decir, sueñan con escapar de su desolado futuro... cancelándolo.

Gomorra funciona como una metáfora de lo que siempre ha acontecido en el mundo: la albeante riqueza de unos cuantos, está edificada sobre el trabajo y la vida inmunda de millones. Gomorra es el neorrealismo llevado a sus últimos límites; la vida misma, sin héroes ni villanos. Gomorra hace ver a la desolación de Rocco e i suoi fratelli (1960), como un cuento romántico. Pero sobre todo, nos restriega en la cara la desesperanza global: aunque no vivamos en Nápoles ni percibamos de manera directa la criminalidad de la camorra napolitana, de alguna u otra forma... todos estamos inmersos en ese mar de desolación. Y si a pesar de lo visto y leído, uno todavía duda pensando si esta Italia tan decadente y desolada, sea la misma que antaño albergó a Leonardo, Miguel Angel y a tantos otros hombres extraordinarios, no tendrá más remedio que contestarse afirmativamente: la Patria de todos estos egregios hombres... es también, la cuna de la camorra ecamorrada... y de Il Cavalieri Silvio Berlusconi. Todo cabe en la generosa Italia, hasta el neofascismo resurgido con el aval de sus habitantes.

trailer


(Gomorra, de Matteo Garrone. Italia 2008. Basada en la novela de Roberto Saviano. Con Toni Servillo, Gianfelice Imparato, Maria Nazionale, Salvatore Cantalupo, Gigio Morra, Salvatore Abruzzese). Y aquí, una muy buena reseña sobre el filme: La Gomorra.

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El código sexual de la mafia napolitana es tajante: "Nunca debajo de una mujer". Así lo comenta en un artículo muy bueno el escritor Roberto Saviano, autor de Gomorra. El artículo se publica en El País:

Con frecuencia reflexiono sobre cómo se educa en territorio mafioso: en esos lugares, una gran parte de la formación del hombre y la mujer pasa a través de la sexualidad. Quizás nada explique mejor el código sexual que rige en esas tierras que la imposibilidad de que ningún ámbito se sustraiga a la lógica férrea de pertenencia, jerarquía, poder, control territorial. Reglas complejas, ritos rigurosos, vínculos inquebrantables. Una sintaxis inflexible y eternamente idéntica regula desde la adolescencia el comportamiento sexual de los mafiosos. "Nunca debajo de una mujer" es el imperativo con el que se educa. Si mientras haces el amor, decides estar debajo, estás eligiendo someterte incluso en la vida de todos los días. "Nunca sexo oral". Recibirlo es lícito, hacérselo a una mujer es de "perros". A este viejo código se atiene todavía gran parte de las nuevas generaciones de adeptos, obsesionados no sólo por su virilidad, sino también por cómo ejercerla. Hacerlo de acuerdo con esas rígidas reglas se convierte en un rito con el que reafirman su poder. Unas normas claras e indelebles que están vigentes en casi todas las zonas de la N'drangheta, Camorra, Mafia y Sacra Corona Unida y que significan algo más que el simple espejo de una cultura machista. (...) En 1994, Antonio Magliulo de Casal di Principe intentó cortejar a una chica, pariente de un hombre del clan de los Casalesi y que estaba prometida a otro miembro del clan. Magliulo le hacía muchos regalos e, intuyendo que quizás la chica no estaba muy contenta con su boda, insistía. Estaba enamorado de esta mujer mucho más joven que él y la cortejaba como es habitual en su tierra: bombones Baci Perugina por San Valentín, un cuello de piel de zorro en Navidad y, siempre, postegge, es decir, como un poste esperándola a la puerta del trabajo. Un día, en pleno verano, un grupo de afiliados del clan de Schiavone le citó en la playa de Castelvolturno para aclarar ciertas cosas. Ni siquiera le dejaron hablar. Mauricio Lavoro, Giuseppe Cecoro y Guido Emilio le dieron un golpe en la cabeza con un palo con clavos, le ataron y le metieron arena en la boca y en la nariz. Cuanta más arena tragaba para respirar, más le metían. Murió ahogado por una pasta de arena y saliva que se le había solidificado en la garganta. Fue condenado a muerte por cortejar a una mujer más joven, consanguínea de un importante afiliado, y prometida. Cortejar, pedir una cita, pasar una noche juntos es compromiso, riesgo, responsabilidad. Cuando ante el tribunal, los arrepentidos contaron estos y otros asuntos semejantes tratando de vencer la incredulidad de los jueces, dieron una explicación que es una síntesis inigualable: "Señor juez, aquí follar es peor que matar. Es mejor que mates a la mujer de un jefe; a lo mejor te perdonan. Pero si follas con ella, estás muerto".

via moleskine literario »
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julio 08, 2009

sudor anglicus

"But it is on account of the ill-natured, fetid,

corrupt, putrid and loathsome vapours close

to the region of the heart and of the lungs,

whereby they grow ill, and the panting of the

breath itself magnifies and increases and restricts:

because of the external heat and fire

itself near the heart."

Forestier. Tractatus contra pestilentiam thenasmonem et dissinteriam. 1490


1485. La casa de los Estuardo prevalece sobre la de York; la fase final de la guerra de las dos rosas. Empero, los festejos de la coronación de Enrique VII fueron pospuestos por el equivalente a “Jack el destripador” en el área de la infectología: el sudor anglicus.


Flemático –con denominación de origen- y todo un caballero: 24 horas bastaban para decidir la permanencia o el exilio de la corriente vital.


El alcalde de Londres fallece al día siguiente de presentar fiebre de inicio súbito, con todo su cortejo sintomático: cefalea, mialgias, artralgias; postración… y una diaforesis característica –las condiciones de higiene en Europa del siglo XV no diferían mucho de las retratadas por Patrick Süskind en El perfume, por lo que ya cabrá imaginarse la potencia odorífera de un sudor “pestilente” de acuerdo a los relatos de la época-. Las erupciones cutáneas, las hemorragias, la dificultad para respirar, los signos de afección neurológica (fotofobia, vómito, delirium, parálisis, somnolencia) eran el preámbulo seguro de la muerte; empero, las Keres y Tánatos ahora segaban las espigas doradas: los varones jóvenes.


1508. Oxford. Las “herejías” de Wickliffe –que serían la chispa que Martín Lutero convertiría en la hoguera de Roma- y la represión eclesiástica minaron la escuela filosófica; muy atrás habían quedado Escoto, Bacon, Occam -cuya navaja no le salvó de la guadaña-: la muerte es la única que no sabe de rezagos. Los catedráticos se revolvían, inquietos, sobre las frías baldosas. Recordaban la obra de la pestilentia, 150 años atrás, cuando el diezmado clero no se daba abasto para administrar los últimos sacramentos: las sombras caían en su derredor, como relataban las crónicas. ¿Acaso era una versión de la muerte negra? ¿Cuerpo sobrecargado de humores? Tal vez. ¿Castigo por gula y lujuria? Quizá, después de todo eran universitarios. ¿Porosidades corporales dilatadas artificialmente por los baños? Poco probable. Las palabras de Jaume D’Agramont pendían como espada de Damocles: “la relación con una víctima de enfermedad pestilencial provoca la transmisión de la enfermedad de una persona a otra como un fuego salvaje, a menos que Dios proteja con su gracia”. Tanto clérigos como seglares se preguntaban dónde estaba la gracia divina en estas circunstancias*. Sir Thomas More debió advertir al cardenal Wolsey sobre la desastrosa mortalidad entre los estudiantes de Oxford y Cambridge.

*Wickliffe se la ganó a pulso: antes de ser arrestado, enjuiciado y quemado en la hoguera, murió a consecuencia de una apoplejía -la segunda- mientras dirigía una misa (no ipso facto, pero lo salvó de todos modos).


1529. Salón del antiguo castillo de Marburg. El landgrave Felipe de Hessen nos dirige una mirada –entre conciliadora y resignada- tras el óleo de August Noack, en tanto que Lutero y Zwinglio se enfrascan en debates teológicos.


Z: Este texto de San Juan os retuerce el pescuezo

L: No os ensoberbezcáis tanto, estáis en Hessen y no en Suiza. Aquí el pescuezo no se retuerce así

Z: Son diversas las formas de expresarse, excusadme

El buen Felipe, con un gesto, dio por buena la excusa.


El sudor anglicus llegó tres días después de iniciado el combate ideológico para zanjar diferencias –de acuerdo a los organizadores del coloquio- pero sólo hubo un caso, que además se curó; los caminos del señor son inescrutables: quizá bastaba verles las caras a los contendientes para apreciar que nunca podrían llegar a un acuerdo y ¿qué mejor que una epidemia mortífera para acallar las disputas? Ephimera anglica pestilens.


1551. Septiembre. Este Sir se disipa entre la neblina londinense.


Los puertos del norte de Inglaterra sostenían relaciones comerciales con escandinavos y rusos: la fiebre hemorrágica de Omsk y la encefalitis del grupo B tienen cuadros clínicos similares al del sudor inglés. La “preferencia” estacional, los lapsos irregulares entre las cinco epidemias conocidas, la afección de hombres jóvenes y generalmente de buena posición económica –las exposiciones previas en los sectores vulnerables les prestan inmunidad adquirida- y otros factores más permiten encaminarnos a su origen viral.


En base a los registros de John Caius, algunos llegaron a considerarlo como “una forma violenta de influenza”. Sin embargo, la mayoría de los investigadores se decantan por los Arbovirus, especialmente por el síndrome pulmonar por Hantavirus, e incluso por el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo…ante el debate de la presencia de signos hemorrágicos, se ha comentado que el miedo ante la enfermedad, más la medida de envolver al paciente completamente, no permitían que los médicos realizaran una exploración física minuciosa (casi como los internos de pregrado del siglo XXI). Pero algo es seguro: no tenían bubas; así que mi Yersinia pestis puede seguir durmiendo el sueño de los justos en mi cama…ya que también se ha especulado que las pandemias atribuidas a la peste fueron variantes de un Filovirus: el Ébola (tengo que conseguir la versión giant microbes®).


O tal vez, -a lo U. Eco-: “Hay enfermedades que sorprenden sólo a individuos, en lugares y tiempos diferentes, como el Sudor anglicus, otras peculiares a una sola región, como la Dysenteria melitensis o la Elephantiasis aegyptia, y otras, por fin, como la peste, que atacan durante largo tiempo a los habitantes de muchas regiones”.


Con su permiso, tengo una cita de reencuentro con El séptimo sello de Bergman.


Saludos con anhidrosis.

julio 07, 2009

si el nombre es arquetipo de la cosa..

Pero los días son una red de triviales miserias,
¿y habrá suerte mejor que la ceniza
de que está hecho el olvido?
Borges


Querido Vlad Tepes: ¡vuelve, qué te cuesta! Nada más para empalar con varillas al rojo a este tío…

Querido Iván Romanov: contágiale la neurosífilis para que le administremos mercuriales hasta el status epiléptico.

Estimado Dr. Lecter: su pedido de fiambre está listo –puede utilizarlo de composta, si le place-.

julio 05, 2009

entre médicos te veas

"El estudiante debe ser amaestrado sobre cómo observar. Para interesarles en esta clase de trabajo, nosotros los profesores encontramos útil mostrar al estudiante cuánto puede descubrir un entrenado uso de la observación sobre temas ordinarios como la historia previa, la nacionalidad, y la ocupación de un paciente."


Un hombre desconocido entra a la sala del anfiteatro de la facultad de medicina: tiene mareos, náuseas, dolor de cabeza… y un aspecto deplorable. Mientras los alumnos practican el arte de la anamnesis, otro hombre, alto, delgado –de constitución ectomófica- y nariz aguileña, observa con sus inquisitivos ojos grises como mochuelo apostado en un olivo. Finalmente, un tanto fastidiado de la estupidez de sus discípulos, se levanta. Su marcha física “a saltos” concuerda con sus andares mentales: señala uno de los bolsillos de la raída chaqueta, donde se encuentra una botella de licor.


Entra una mujer acompañada de un niño. Después de saludarla, nuestro hombre procedió a una anamnesis mucho más sofisticada que la de sus discípulos: ¿Ha cruzado bien desde Burntisland? “Sí” ¿Ha tenido una buena caminata por Inverleith row? “Sí” ¿Qué ha hecho con el otro niño? “Lo dejé con mi hermana en Leith” ¿Aún continúa trabajando en la fábrica? “Sí”. Ante los alelados estudiantes, el Dr. Bell les conmina a atraer su interés al acento de la mujer, el cual percibió desde que contestó a su saludo: el Ferri más cercano sale de Burntisland; les enseña la arcilla roja en la suela de sus zapatos, característica de las áreas cercanas a los jardines botánicos; señala el abrigo sobre el hombro de la madre, de una talla mayor a la del niño que llevaba de la mano; finalmente, señala la dermatitis en las manos de la mujer –predominantemente en la derecha-, característica de las personas que trabajan en las fábricas de linóleo. (Anécdota publicada en The Lancet, 1º de agosto de 1956).


Damas y caballeros: Joseph Bell, encargado de la cátedra de cirugía clínica en la facultad de Medicina de Edimburgo, siglo XIX; descendiente de Charles Bell, quien describió la parálisis facial que lleva su nombre: sí, esa contra la que las abuelitas tanto nos previenen “no salgas al aire, m’ijito, se te va a enchuecar la boca”.


Pionero de la medicina forense, este hombre fue la inspiración para el mítico personaje de Sherlock Holmes, del también hijo de Galeno Arthur Conan Doyle. De los paralelismos entre Holmes y House existen múltiples referencias en la red.


El Colegio Real de cirujanos de Edimburgo (al que perteneció) organizó una exposición museográfica de este gran clínico: todo un ejemplo de la capacidad de observación-deducción aplicada al diagnóstico, placer intelectual de puzzles biológicos… sin ser misántropo.

julio 03, 2009

alucinaciones

Dicen que L'absinthe (ajenjo), conocido en el mundo bohemio de la Francia del Siglo XIX como "el hada verde", fue la fuente de inspiración donde abrevaron artistas como Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Vincent Van Gogh y otros, pues el licor -de hasta 89º de contenido alcohólico- les "abría la mente". Aunque para otros, lo que producía eran alucinaciones. Recuerdo que mi abuela acostumbra el thé de ajenjo, que es horriblemente amargo, para curar el dolor de estómago o "recoger la bilis", después de hacer un fuerte coraje o sufrir una fuerte impresión.

Ayer, Aurore Dupin me mandó al liga de un video increíble, "Kunstbar", el cual es un dechado de onirismo fascinante. Después de verlo, lo menos que uno piensa que la especialidad de la casa (del bar de Kunst) es... L'absinthe.


estos son sueños y no pedazos