abril 29, 2009

como niño chiquito

El peor de todos los encierros es el psicológico, eso no es novedad; tampoco, que no hay mejor aliciente para desear algo, que saberlo prohibido. Uno empieza a extrañar esas cosas que habitualmente no acostumbra hacer, pero de pronto muere de ganas por hacerlas… justo cuando le están prohibidas. Siente deseos de besar y tocar, como si nunca lo hubiera hecho. Como niño chiquito al que se le dice "no toques eso m'hijito, porque te puede dar un toque" y entonces el niño, que no tenía la menor intención de meter su dedito en el contacto de la luz, va y lo mete. Así estoy yo, queriendo besar a quien hace mucho no besaba, nomás porque ahora no debo hacerlo; queriendo abrazar a mis amigos y quedándome con las ganas; extrañando ausencias… hasta esas a las que ya empezaba a acostumbrarme...

Parezco niño chiquito.


"Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla
.


Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.


Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.


¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?


Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde."

[Ausencia, Jorge Luis Borges]

abril 27, 2009

hay que seguir el procedimiento

Un edificio público asentado en la zona sur de la Ciudad de México, sobre la avenida más importante y extensa del país. Dentro se encuentran 2536 empleados, más el personal de limpieza y los chicos de servicio social. El edificio consta de trece pisos y fue construido bajo los más elevados estándares; está tipificado como un "edificio inteligente"


A las 11:46 AM del lunes 27 de abril, se registra un temblor de considerable intensidad, pero la alarma sísmica del edificio inteligente… NO suena.


12.06 PM. Todas las páginas electrónicas de los principales periódicos editados en la Ciudad, informan la ocurrencia del temblor, cuya intensidad oscila entre los de 5.7 a 6 grados Richter


12:18 PM Un hombre con actitud displicente llega al cuarto piso e indica –desde el pasillo- al personal ahí congregado: "favor de desalojar, dejen todo como está y salgan a la explanada"


El personal, que ya se olvidó del temblor y está enfrascado en sus labores, tarda en responder a la instrucción. Ante ello, el hombre visiblemente contrariado, alza la voz y repite: "que desalojen el piso, bajen y salgan a la explanada".


Me dispongo a tomar mi bolso e identificación personal, cuando el hombre llega hasta mi lugar y me grita: "dije que desalojaran… TODOS."


Yo, molesta por sus maneras, le respondo: "¿y cuál es la prisa, si el temblor pasó hace más de media hora y su alarma sísmica ni se dio por enterada; ya para qué se apuran tanto?"


Él, replica:


---"Hay que seguir el procedimiento"


Bendito. Me siento reconfortada, mientras sigamos el procedimiento, estaremos a salvo de terremotos, influenzas y demás catástrofes.


……………………............

En medio de la histeria colectiva "influenzada" y el incesante fluir informativo, desmesurado e irresponsable, los chilangos recitábamos una sacudida más… y la tuvimos.

................................
Pero mientras el mundo se derrumba nuestro alrededor, tú yo nos enamoramos.

Bendito

abril 26, 2009

tras la máscara

"El hombre invisible se fabricaba máscaras. Las tenía de todas expresiones: amor, celos, orgullo, dudas, dolor. Antes de salir a la calle las ensayaba frente al espejo. Con la máscara de poder se sentía capaz de dirigir multitudes, con la máscara de seducción pondría las mujeres a sus pies... Queriendo aparentar el mayor número de matices acumuló novecientas noventa y nueve caretas...Alejandro Jodorowsky El tesoro de la sombra


Somos como mutantes, siempre estamos cambiando; nunca somos los mismos. Hay quienes con la misma facilidad con que cambian su vestimenta según la ocasión, se despojan de sus sentimientos -si es que los tuvieron- y se deshacen de las personas y sus afectos... como quien vacía su armario de ropa inservible. Como si esto que llamamos vida, se tratase de vivir siempre arriba del escenario, actuando, simulando permanentemente... en un eterno baile de máscaras.

Supongo que con sus más y sus menos, todos nos hemos forjado una coraza; algunas muy espesas y herméticas. Una capa aparentemente impenetrable que nos protege del mundo exterior. El objetivo más común quizá sea resguardar el corazón; pero este anhelo protector va mucho más allá de evitar futuros rompimientos de nuestro corazoncito... de pollo. Tras la pretendida armadura impenetrable buscamos ocultar miedos, deseos e inseguridades; disimular sentimientos para evitar ser lastimados; no dejar ver nuestra vulnerabilidad y sobre todo, evitar que se aprovechen de ella. Decía mi abuela "no dejes nunca que nadie te tome la medida, porque si lo hacen... estás frita m'hijita". Mi abuela no pretendía volverme mentirosa ni falsa, simplemente buscaba que yo me hiciera fuerte o que al menos, no dejara ver mi vulnerabilidad. En teoría es un buen consejo; no obstante puede ser malinterpretado y mal aplicado debido a la torpeza e inexperiencia... como alguna vez me sucedió [a veces por estar tan preocupados de que nadie nos vea como realmente somos, de que no nos tomen la medida, alejamos de nosotros a alguien que pudo significar mucho en nuestras vidas].

Pero ya me desvié de mi idea principal. Intentaba decir algo sobre la efectividad de las máscaras y las corazas protectoras. Es posible que para algunos ese caparazón les funcione bien, no estoy segura que perennemente, pero igual si pueden transitar por la vida siempre a salvo de los daños exteriores y logran impedir que los demás vean sus debilidades; esconden y/o disfrazan sus miedos tan bien... que hasta ellos creen en su actuación. Pero hasta la coraza más gruesa y fuertemente blindada tiene sus límites: no puede protegernos de nosotros mismos; uno puede mostrarse ante los otros como el ser más seguro e impenetrable, pero en el fondo sabe que solo se trata de una mera simulación y que mientras los demás ven esa faz prefabricada, en su interior las cosas son muy distintas; opuestas en muchas ocasiones. Uno puede pretender que engaña a los demás -y hasta cierto punto, insisto-, pero no puede engañarse a si mismo o al menos no eternamente... ¿o si?







imagen:
Robert le diable, del pintor cubano Manuel López Oliva

abril 24, 2009

descanso eterno

"Ella era el último miembro de una raza solitaria y
sutil. Era una flor que Alejandría había tardado
trescientos años en producir y que la eternidad
no puede marchitar. Y se abrió ante un soldado
romano, sencillo pero inteligente..."

E. M. FORSTER, Alexandria


Por hoy] quiero creer todas las leyendas y mitos sobre Cleopatra y Marco Antonio y cursi como soy, fantasear que lo suyo fue casi un sueño; el sueño de una intensa pasión que logró trascender el ámbito amoroso, para irrumpir y perturbar hechos políticos; que su historia responde a las imágenes dibujadas en el cine y en la obra de Shakespeare. También, que una vez muerto Marco Antonio, la derrotada Reina -cual Julieta sin su Romeo- decidió quitarse la vida antes que ser esclava de Roma: "primero muerta que ser humillada por Octavio", dándose a la tarea de buscar un veneno que "al matar acariciase" y que la providencia hizo lo encontrara en el áspid del Nilo, cuyo mortífero veneno –cuenta la leyenda- provoca una voluptuosa somnolencia al ir ingresando en la sangre. Si ya me creí todo esto, lo que sigue es imaginarme que antes de adentrarse en el sueño profundo de la muerte, los últimos pensamientos de Cleopatra fueron para su amante Marco Antonio, que murió casi feliz, porque al fin podrían reunirse y descansar juntos por el resto de la eternidad.


Pero como nada dura para siempre… ni siquiera el descanso eterno… los intentos, hasta hoy infructuosos, por dar con la tumba de los amantes de Alejandría nunca han cejado. Pero al parecer, ahora si se vislumbra una posibilidad real de encontrarla; o al menos eso dicen los arqueólogos, quienes ya cantan loas ante el que podría ser el hallazgo arqueológico más importante del siglo XXI. Por supuesto que el júbilo no solo se debe a la importancia histórica y arqueológica que el hecho tendría, en eso no cabe ninguna duda, sino a las infinitas posibilidades de explotación comercial, turística y cultural que acarrearía consigo


……………........
Y para alimentar la fantasía sobre este tema: No digas que fue un sueño [Terenxi Moix, Planeta-Seix Barral Barcelona 1986].
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Y para alimentar el azote amoroso hasta el límite de la indignidad, nadie como Jacques Brel: ne me quitte pas

abril 23, 2009

la república de los libros

Quizá el El día mundial del libro tenga el mismo sentido que El Día internacional de la mujer: su sola existencia es señal de que algo no anda bien. No obstante, me resulta infinitamente más grato el 23 de abril que el 8 de marzo.

Cada quien sabrá por qué lee, cómo nació su gusto por la lectura y sobre todo, qué sensación le provoca hacerlo. Y también, cada uno tendrá un libro favorito sobre favoritos, ese libro que salvaría del incendio, aunque en ello les fuera la vida. Hay quienes afirman que determinado libro les cambió la vida. Algunos leen para acompañar las horas de soledad; otros para enriquecer sus horas, sean o no de soledad, otros más leen buscando respuestas... y terminan haciéndose más preguntas.

El escritor y poeta mexicano -paisano de Don Alfonso Reyes por cierto,- Gabriel Zaid, autor del ya clásico De los libros al poder dice creer en:

"el milagro de un instante y en la posibilidad de fijarlo en un poema, que la buena escritura no mata los temas, que la literatura es hija de la tradición y que el acto de leer, es una forma de conversación diferida"

Por mi parte, debo confesar que mi corazón guarda varios libros bien amados, pero debido a su condición algo inestable -del mio corazón-, mis quereres registran fluctuaciones de cuando en cuando. Y ya por último, dejo una cita de mi libro más amado el día de hoy, Memorias de Adriano; son las últimas lineas de este maravilloso libro de Margueritte Yourcenar -estupendamente traducido por Julio Cortázar-; es decir, el poema dictado por el Empeador Adriano, poco antes de morir:


"Mínima alma mía, tierna y flotante,
huésped y compañera de mi cuerpo,
descenderás a esos parajes pálidos,
rígidos y desnudos,
donde habrás de renunciar
a los juegos de antaño.

Todavía un instante miremos juntos
las riberas familiares,
los objetos que sin duda
no volveremos a ver…

Tratemos de entrar en la muerte
con los ojos abiertos..."

P. Elio Adriano, Imp.




Lectores en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (UNAM) Foto María Meléndrez Parada

abril 21, 2009

en mi otra vida


"El poeta no será más que memoria fundida en las memorias, para que un adolescente pueda decirnos que tiene en sí todos los sueños del mundo, como si tener sueños y declararlo fuese primera invención suya. Hay razones para pensar que la lengua es, toda ella, obra de poesía." José Saramago



Sigo en la angustia de no poder soñar, clamando por hacerlo y de paso, cumplir con el encargo que tengo pendiente. He escrito, buuueno escrito es un decir, algunos párrafos sobre el tema y nada me convence. La editora me manda lindos mensajes, donde sutilmente me hace ver cuán necia soy: "entre más leo tu texto de la femme fatale, más me convenzo que debemos dejarlo para junio, pues ahí hablas de tus sueños infantiles" (en algún extravió de mi iniciática adolescencia, yo soñaba con ser una femme fatale… comme il faut). Pero yo, tercamente insisto en que ese texto lo escribí para mayo y ya me inspiraré para el mes siguiente… y de ahí no paso. Pero anoche por fin tuve un sueño medianamente interesante; aunque desafortunadamente duró apenas nada, fue como una ráfaga: soñé que volvía a nacer. Esta mañana, recordando ese minúsculo sueño, he tomado una decisión: si volviera a nacer, en mi otra vida quiero ser poeta… o en su defecto, tener un amante poeta que me escriba algo así:


Jamás soñé con noche tan bella
las mujeres del jardín tratan de besarme
sostenes del cielo, los árboles inmóviles
abrazan fuertemente la sombra que los sostiene.

Una mujer de corazón pálido
guarda la noche en sus vestidos
el amor ha descubierto la noche
sobre sus senos impalpables.

¿Cómo poder gozar de todo?
Mejor borrarlo todo.
El hombre de la movilidad total
del sacrificio total, de la conquista total
duerme. Duerme, duerme, duerme.
borra con sus suspiros la noche minúscula, invisible.

No sufre ni frío ni calor.
su prisionero se ha evadido para dormir
no está muerto, duerme.

Mientras dormía
todo lo asombraba,
jugaba ardorosamente,
miraba,
oía.
Su última palabra:
"Si volviera a empezar, te encontraría sin buscarte".

(Paul Éluard En el corazón de mi amor; fragmento)


abril 20, 2009

hambre

"Conozco el hambre, la he experimentado. Esa hambre está en mí. No puedo olvidarla. Enciende una intensa luz que me impide olvidar mi infancia. De no ser por esa hambre, a buen seguro habría echado en el olvido aquellos tiempos, aquellos años tan largos, en los que faltaba de todo. Ser feliz es no tener que recordar. ¿Fui infeliz? No lo sé." Jean-Marie-Gustave Le Clézio Ritournelle de la faim (publicado en español como La música del hambre).

Si bien mi infancia no fue la de la abundancia, tampoco viví en ese mar de privación absoluta característica de los años de guerra y posguerra europea. No obstante, he visto el hambre muy de cerca; de una manera vergonzosa. Recién ingresada a hacer mi servicio social, aún estudiante universitaria, me tocó ir a uno de los municipios urbanos más pobres de la zona centro de México y lo que ahí me tocó ver, en algo debió parecerse a lo que Le Clézio vivió en la Francia recién desocupada, cuando los niños corrían por las carreteras junto a los camiones del ejercito estadounidense extendiendo las manos para "cachar" las barras de chocolates o los chicles que los solados yanquis les lanzaban. Calles polvorosas, casuchas con láminas de cartón y ventanas cubiertas con plásticos; la pobreza sin el menor atenuante, ni recubrimientos de celofán para engañar al visitante. Un paisaje gris en más de un sentido y sin visible salida hacia la luz. Y en medio de ese triste y deprimente panorama, destacaban los niños; un montón de niños apenas vestidos y la mayoría descalzos, jugando y chapoteando en las lodosas calles. Niños que no aparentaban más de seis años, aunque quizá fuesen mayores pero a causa de la desnutrición su complexión física resultaba engañosa. Y esos niños jugaban ahí, en medio de los desechos... con desechos de juguetes, que bien podrían ser producto de sus incursiones en los basureros municipales. Jugaban y reían, en medio de la miseria que los rodeaba.

Y nosotros como intrusos, sin hacer nada; unos, solo observando cohibidos y avergonzados; otros, haciendo preguntas de formulario a algún funcionario municipal y obteniendo como respuesta los mismos discursos huecos de siempre, donde se hablaba del rescate de esa zona y se dibujaba un futuro promisorio para sus habitantes. Mientras yo, que debí nacer con el escepticismo en las venas, me limitaba a escuchar al sindico municipal cuyo desbordante entusiasmo a la hora de describir sus planes sociales, semejaba a las proclamas de un político en pos del voto ciudadano. Lo escuchaba, mientras miraba a esos niños famélicos divertirse con los restos de juguetes... ajenos a ese mundo de desolación.

Recuerdo aquella visita y siento como si caminara por esas calles mal trazadas, con los ojos descomunalmente abiertos debido a la fuerte impresión que me causaba todo lo que veía y sin embargo, ni en ese entonces ni hoy, podría haber emulado a los soldados yanquis repartiendo dulces y chocolates a los niños famélicos. Tengo un serio problema con las practicas caritativas; no sé porque, pero me hacen sentir mal conmigo misma. Primero, porque no dejan de ser una mera limosna y segundo, aquí está lo peor, porque siento que su verdadero objetivo no es la ayuda al más necesitado, sino la ayuda a mi misma; como si con esa dádiva lo que buscase en realidad, fuera aminorar un sentimiento que me es inevitable, por más oculto que trate de mantenerlo: la culpa, la vergüenza que siento por formar parte de un sistema y una sociedad obscenamente desiguales e inequitativos... Y no sé que sea peor, si sentirme mal por regalar mi ropa vieja, o sentirme mal cuando me niego a participar en esas colectas que organizan las señoras ricas, quienes en sus ratos libres se dedican a la cariad...


abril 17, 2009

la belleza en estado puro

No presumiré que de bebé mi madre me arrullaba con O mio bambino caro; de ninguna una manera fue así. El primer contacto que tuve con la llamada música culta, fue una ida a la ópera... a los diez años; visita obligada cuando cursaba yo en el quinto grado de la escuela primaria. La obra fue La Traviata de Giuseppe Verdi y el recinto, el hermoso Palacio de Bellas Artes. Me dio igual, por supuesto que la odié, me pareció un verdadero y eterno suplicio.

Actualmente, pese a que sigo sin ostentar altos conocimientos y cercanía con este tipo de música, he dejado de odiarla y de sentirla como un aburrido suplicio. Hoy día, no solo la disfruto, sino que ha habido ocasiones, en que alguna interpretación ha conseguido conmoverme y erizarme la piel con mucha más fuerza y turbación de la que solían provocarme mis (ex) roqueros favoritos [U2, antes de la megalomanía de Bono, cuando en lugar de andarse tomando fotos con políticos nefastos, hacían música... gran música]

Bueno y todo este rollo, para presentar el video de un joven contra-tenor y soprano llamado Philippe Jaroussky, quien interpreta a Vivaldi... en forma celestial. Por su voz, la sensibilidad que pone en su interpretación y por la emoción que logra transmitir, alguien se refirió a él así:


“[Pilippe Jaroussky] no es Farinelli, ni tampoco un castrato; es la belleza en estado puro”







volver a soñar

Tengo que escribir un texto cuyo hilo conductor sean los sueños, ya que ese será el tema del mes de junio en la revista virtual en la cual me han invitado a colaborar. Nada que no me guste; todo lo contrario, el tema me parece fascinante. El problema es que la encomienda me llega justo en momentos en que mi capacidad para soñar parece haberme abandonado, o por lo menos andar en un viaje largo, muy lejos de mí, tanto que ya ni por las noches he logrado reencontrarme con ella.

Me gustaría ser como ese personaje de Gabriel García Márquez, de su cuento "Me alquilo para soñar" (incluido en Doce Cuentos Peregrinos), Frau Frida.

Frau era una mujer cuya inusual capacidad para soñar y adivinar, es decir que soñaba lo que sucedería, la había llevado a hacer de ésta un oficio, su forma de vida. Aunque a la larga, esto no siempre fuera tan grato como pudiera pensarse, ya que en ocasiones Frau soñaba cosas que hubiera sido preferible no saber…

Pero no, yo no aspiro a tanto; yo solo quiero y necesito volver a soñar; no importa que mis sueños no sucedan… por ahora...


abril 14, 2009

incomunicadas

Quisiera rememorar algún recuerdo de mi infancia en el que apareciéramos las dos; un momento de madre e hija compartiendo cualquier cosa, por simple que fuera, y no lo encuentro. Mi memoria puede regresar a los tres años, a los paseos a caballo con mi padre. Es más, quizá debido a alguna conversación de mi abuela, creo recordar algún destello de una época anterior, aquella en que metida en la cuna, en la última habitación de la casa, yo aprendí a gritar, antes que a caminar. Supongo que era mi mecanismo de defensa; si me pasaba el día sola en esa gran cuarto, cuyas enormes ventanas de madera miraban al riachuelo que bordeaba el pueblo, tenía que dar de gritos -no llorar, dice mi papá que nunca fui una bebé llorona- para que no se olvidaran que por ahí en un rincón estaba yo. Arrumbada como la muñeca fea de Cri Cri. De eso creo acordarme. Pero sucede que en ninguno de mis recuerdos de ésa época apareces tu. Nunca.

Un día una amiga me observó: ¿te has dado cuenta que siempre hablas de tu abuela y de tu papá, pero jamás de tu mamá? Yo me quedé un poco apenada. Era cierto y yo me daba cuenta, pero no le daba importancia; para mi era normal. Y sin embargo, ahora que intento una conversación contigo y no encuentro un solo recuerdo de ambas, me vuelvo a sentir un poco mal. Si hay madres desnaturalizadas, yo bien podría ser juzgada como una hija desnaturalizada. Jamás supe lo que era sentir mamitis, ni nada parecido y el 10 de mayo me parece una de las fechas más odiosas del calendario anual. Lo odio. Pero no porque te odie a ti. Es algo simple y bobo. Cuando era niña y estaba en la primaria, por alguna ironía de la vida -y por culpa de mis ojos pizpiretos, según me dicen-, las maestras siempre me escogían para los bailables del festival alusivo. Siempre. Y mi abuela, con la que yo vivía, pensaba que bailar y convivir con lo demás niños sería bueno para una niña básicamente solitaria. Y a joderme yo, con los ensayos y después ante el patio de la escuela atestado de gente; usando esos vestidos regionales y peinada con esas trenzas tan apretadas y llenas de listones multicolores me hacían sentir como atracción de feria… y lo peor es que en esa feria nadie de mi familia me iba a ver a mi. Así que yo bailaba para las madres de otros, pero nunca para ti. Mi abuela se afanaba confeccionando esos vestidos tan llenos de holanes y espiguillas; se veía ilusionada la pobre, gastando sus ojos en su hermosa máquina de coser Liberty. Creo que nomás por eso yo no me negaba a bailar. Ella no iba a los festivales; siempre fue tímida, a pesar de tener un carácter fuerte, por lo que las aglomeraciones no le gustaban. Antes de salir de casa, le tomaba una foto a su nieta consentida, quien en pleno mayo lucía como arbolito de navidad. Luego te la mandaba por correo. No recuerdo que jamás hicieras un comentario al respecto. Quizá sentías feo por estar tan lejos; quizá no, mis hermanitas ya hacían sus propios ridículos en los bailables de sus escuelas y supongo que con eso eras feliz. Yo no.


Solo fui feliz en el bailable de salida de sexto año; no fue un baile regional mexicano, sino una coreografía de danza moderna musicalizada con el Concierto N° 1 para piano y orquesta de Tchaikovsky. Mientras escribo esto, aún puedo sentir esa música que me gustó desde el primer momento que la escuché. Era mi último ridículo en público y eso me hacía feliz; además, ese día si fue mi abuela al festival porque yo era a abanderada de la escolta (la niña solitaria de ojos pizpiretos, se sacaba puro 10, aunque en conducta alguna vez obtuvo un 5). Mi foto, entregando el lábaro patrio a la nueva escolta, la llegué a ver en tu habitación alguna vez que te visité, pero tampoco entonces comentaste nada. Ni siquiera en el teléfono, menos por carta. Ahora que lo pienso, con excepción de mi abuela, en esta familia nadie tiene la manía de escribir cartas; solo ella y yo. Lo demás viven sus emociones hacia adentro, o las experimentan de otra forma, o se las guardan...

Quizá tú seas así.

abril 11, 2009

confesiones y amores prohíbidos

Gracias a Kix me entero que un sacerdote argentino de 38 años, ha decidido abandonar el oficio religioso, en pos de formar una familia con la mujer a la que ama. En una muestra de honestidad, muy pocas veces vista en esa Institución Eclesiástica que prefiere ignorar los casos de sacerdotes que tienen mujeres y hasta hijos o peor aún, a los que practican la pederastia y demás actos supuestamente prohibidos por el credo católico, el joven sacerdote ha asumido sus debilidades netamente humanas y así lo ha expresado:
"No niego que hay personas que puedan vivir su celibato, pero también creo que la Iglesia en esto tiene que crecer para que los sacerdotes puedan optar. La Iglesia necesita una apertura"

Y la historia del sacerdote argentino, me trae a la mente el brevísimo cuento de René Avilés Fabila, que ya he transcrito en alguna ocasión:

Confesiones de una mujer solitaria
"Nuevamente he sido acosada por sueños eróticos, punzada por ellos. De nada me han valido los esfuerzos por alejarlos. Parece no haber cura o remedio. Noche tras noche vuelven. Pienso en hombres desnudos y en violentas escenas sexuales. Al final despierto humedecida. De día trabajo incansable: fatigo mi cuerpo con tareas físicas y mi mente escribiendo sin cesar. Procuro no traer a mi mente seres masculinos, lo mismo que de mis lecturas he alejado cualquier tentación. Los rezos no me sirven, tampoco la confesión. En cuanto caigo rendida de sueño, que supongo reparador, comienza la tortura. Una y otra vez soy violada, tomada, desgarrada. Y gozo hasta que la luz del día me trae el arrepentimiento. Si tuviera valor, me lanzaría de lleno al mundo terrenal al que parezco pertenecer. Dios sabe de mis dudas. Pero no lo haré; estoy destinada a la odiosa espiritualidad y a la soledad del claustro. Trataré, al menos, de encontrar alivio en la literatura, en la poesía, de ocultar esas pasiones que me queman, me consumen lentamente, y que siempre he deseado se conviertan en una soberbia realidad"
[René Avilés Fabila Confesiones de una mujer solitaria. En Todo el amor. Ed Aldus México 1998]

abril 08, 2009

un día lluvioso

Una lluviosa tarde de agosto ella se sentía ausente, sin ganas de nada... o con ganas de todo, menos de estar donde estaba... que era donde debía estar, pero no donde hubiera querido.

No puedo evitar que la lluvia citadina trastoque mi estado de ánimo, me dan ganas de estar en cualquier parte (bueno cualquiera, cualquiera lo que se dice cualquiera, no) menos en mi oficina. Tampoco puedo evitar sentir cierta melancolía, añoranza por días lluviosos ocurridos en otro tiempo, en otro espacio. Hoy ha llovido intermitentemente durante todo el día, al menos desde las 7:00 AM en que salí de mi casa así ha estado y no parece que vaya a mejorar. A la par que el clima decae, mi mente se torna sombría, idónea como para componer el poema más lúgubre que sea posible, pero no puedo. Hay quien dicen que para sentirse poet
a no hace falta llamarse Charles Baudelaire, Jorge Luis Borges o el poeta de su preferencia, que solo es cosa de estar un poco loco y dejarse llevar. Pero no es así; al menos en mi caso no. La poesía simplemente no se me da; lo de estar medio loca, sí, pero con eso no me basta.

¿Y qué nos queda, cuando, pese a tener tanto agolpándosenos por dentro, la poesía no se nos da? ¿De qué forma exorcizar evocaciones y nostalgias varias?

¿Se escribe para ahuyentar la infelicidad? En algún lado leí que los hombres felices no escriben, porque la literatura se construye, la mayoría de las veces, desde la carencia. Me niego a creer que los escritores, al menos un gran porcentaje de ellos, sean seres infelices, masoquistas o fatalistas. Eso no obsta que los grandes personajes literarios, los más famosos, populares y queridos héroes y heroínas de la literatura universal (sobre todo la decimonónica), sean mayoritariamente seres trágicos o cuando menos, desdichados.

Y es otro escritor, Alberto Castillo, quien atenúa esa sentencia tan poco edificante:

“si la literatura está cargada de fatalidad y tristeza, se debe a que en el fondo [la literatura] busca ser un conjuro contra la infelicidad y la desdicha, pues la felicidad hay que vivirla, no escribirla”

Por su parte, el el escritor turco Orhan Pamuk, premio Nóbel de Literatura 2006 (Estambul Ciudad y recuerdos, Nieve), dice que él escribe desde la melancolía, porque de ella nace el entusiasmo.

Deben existir infinidad de opiniones al respecto, tantas como escritores haya. Quizá habría que hacer una encuesta para tener una idea más completa, más incluyente. Habrá quienes escriban porque no saben hacer otra cosa; otros que lo hagan porque lo necesitan tanto como respirar; quizá otros vean a la escritura como un escape, una ruta de salida para todos sus agobios; y por supuesto, no faltará quien lo haga sin el menor asomo de ética, solo por encargo, por puro interés monetario; pero estos no escriben libros, sino libelos y aquí no cuentan. En fin, mil razones.

Pero y los que no somos ni remotamente escritores, que solo nos desahogamos aquí en la blogósfera... ¿también buscamos ahuyentar la desdicha? ¿o escribimos desde la melancolía buscando que surja el entusiasmo, como dice Orhan Pamuk? ¿o lo hacemos como mero desahogo, una especie de terapia, más barata y enriquecedora que la psicológica?

O quizá, lo hacemos sin que medie ninguna de estas razones, ningún motivo “existencial”, solo porque es la moda y hay que entrarle...


Ciudad de México, agosto de 2007

abril 05, 2009

finitudes

Cuando era niña me gustaba subir por las noches a la azotea de la casa de mis padres, en la costa del Pacífico mexicano; me tendía sobre el piso y me quedaba horas ahí, inmóvil, solo mirando al cielo. Las noches solían ser muy estrelladas y la bóveda celeste se me ofrecía como la puerta hacia mundos desconocidos, esos que yo presentía jamás tendría la oportunidad de imaginar siquiera, mucho menos contemplar, cosa que no me preocupaba en lo más mínimo, a esa edad yo era feliz con disfrutar de la oscuridad de la noche, mirando un cielo casi negro e iluminado por millones de puntitos brillantes. Y después de pasar un rato sin hacer nada más que contemplar el cielo, imaginado cualquier cantidad de historias fantasiosas, venía lo que más disfrutaba: cerrar los ojos y escuchar al mar. Aguzar los sentidos y constatar como a medida que avanzaba la noche, el oleaje iba subiendo de intensidad. Con los ojos cerrados y ya sin la distracción de las estrellas, podía percibir cómo iban agrandándose los sonidos producidos por el mar al estrellarse con las inmensas y agrestes rocas. Estar ahí, solo escuchando el romper de las majestuosas olas, me producía una fascinación inexplicable; no podía dejar pensar en los grandes misterios que ese mar guardaba y elucubrar en los muchos secretos que se había llevado para siempre, hasta lo más hondo de su profundidad. Y quizá por eso, contra la lógica más elemental, para aquella niña que fui, mientras el cielo era el límite... el mar representaba la inmensidad.

Un día dejé de ir a la casa costera de mis padres, no subí más a la azotea a contemplar las noches estrelladas; tampoco volví a arrullarme con el romper de las olas en aquellos agrestes acantilados, mientras soñaba con mundos marinos infinitos y misteriosos...




De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente.

Quién iba a suponer
que segundo a segundo
cada migaja
de su pan sin límites
iba así a despeñarse
como canto rodado
en el abismo.

[El infinito Mario Benedetti]


imagen: Bretaña Francesa

abril 02, 2009

primavera ardiente

Con la primavera
Viene la canción,
La tristeza dulce
Y el galante amor.

Con la primavera
Viene una ansiedad
De pájaro preso
Que quiere volar.

No hay cetro más noble
Que el de padecer:
Sólo un rey existe:
El muerto es el rey.

[Con la primavera, José Martí]



Y con la primavera se ha venido un calor quemante e inmisericorde... el cambio climático no es de ninguna manera un mito genial o un invento de los Partidos Verdes. ¿Treinta grados centígrados en la Ciudad de México... en el mes de marzo? Nunca antes, que yo recuerde.

La primavera ha entrado con rabia, el planeta parece estar cobrándonos todo lo que lo hemos dañado; el sol cae como lumbre a las tres de la tarde y uno sienta que se calcina... y lo que falta. Es definitivo, la primavera podrá encerrar muchas promesas, será portadora de luz y nuevos florecimientos, pero no es lo mío; yo soy de otoño/invierno, de luz rojiza, viento frío, caer de hojas secas, melancolía y noches estrelladas.







imagen: Primavera. Alphonse Mucha